Bajo dos faros muertos yacen
dos mesetas color ciruela.
Y entre dos placas tectónicas
corre un río amargo
tras un bosque desnudo.
La corriente trae nombres,
lugares, fechas y augurios.
Los árboles rotos muerden el río
antes de poder pronunciarlos.
De los faros brota luz
de vez en cuando.
Engranajes detenidos.
En el calendario: tres de mayo.
Todo es cuesta arriba.
La pena, la gloria, el anonimato.
No importa cuanto te esfuerces,
la suerte está echada, por divino mandato.
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