Tu ausencia
se siente como una autopsia
con el cuerpo
todavía vivo.
Como si me acostaran
sobre una mesa
de metal frío
bajo una lámpara blanca
que no perdona nada
y alguien dijera con absoluta calma:
“procedamos”.
Entonces..
abren mi pecho
la piel se rompe,
la carne cede,
y el sonido húmedo
de algo desgarrándose
llena el silencio del cuarto.
Empiezan
por mis costillas
las separan lentamente,
una
por una,
forzándolas
hasta abrirlas
de par
en par
igual que la puerta
que usaste
para irte.
Esa puerta
que no cerraste con cuidado,
esa puerta
que dejaste abierta
para que el frío entrara
y se quedara
viviendo conmigo.
El forense mete las manos dentro.
busca.
explora.
como si dentro de mí
hubiera respuestas.
Primero
saca mis pulmones
los observa con disgusto.
están negros.
negros de humo,
de noches sin dormir,
de tantos cigarrillos fumados
con la esperanza
estúpida
de que el humo
también se llevara tu recuerdo.
Pero no.
El humo del cigarro
y el humo de tu abandono
hicieron lo mismo:
me llenaron por dentro
hasta volverme ceniza.
Respirar
ya no es respirar.
es raspar aire
contra las paredes quemadas
de lo que quedó de mí.
Luego
encuentran mi hígado.
lo levantan con cuidado,
como si temieran que se deshiciera.
está hinchado.
cansado.
podrido.
Ese pobre órgano
que noche tras noche
se ahoga en alcohol
porque todavía cree
que el olvido vive
en el fondo de una botella.
Pero el alcohol
no te borra
solo vuelve tu recuerdo
más torcido,
más oscuro,
más cruel.
El forense
lo deja a un lado
sin decir nada.
como si ya hubiera visto
demasiadas derrotas iguales.
Entonces
llegan a lo peor.
Mi corazón.
el cuarto se queda en silencio.
el forense lo mira
con una expresión
que no logra ocultar su tristeza.
Lo señala con el dedo.
—Aquí está el problema
murmura
Lo arranca de mi pecho.
el sonido es húmedo,
pesado,
como si algo
que todavía quería vivir
se negara a salir.
Lo deja caer
sobre una bandeja de acero.
"Clang"
Ese pequeño sonido metálico
parece un disparo
en medio del cuarto.
Se inclina sobre él.
lo examina.
lo gira.
lo toca.
Y su rostro cambia.
porque mi corazón
no está simplemente roto.
está despedazado.
Tiene grietas profundas
como cuchilladas.
tiene zonas oscuras
donde la sangre
ya no quiere circular.
tiene cicatrices torcidas.
Que no cerraron bien
hace una pausa.
pero luego
nota algo más.
Se inclina.
acerca la luz.
y entonces
lo ve.
Tallado en la carne.
no superficial.
no accidental.
profundo.
Como si alguien
hubiera hundido una navaja
solo para asegurarse
de que quedara marcado.
tu nombre.
tus iniciales.
El forense
pasa el dedo
por la cicatriz.
La carne está endurecida
alrededor de esas letras
como si hubieran vivido ahí
demasiado tiempo
pero debajo
hay algo más.
Tu firma.
Tu nombre artístico.
"Nasty Glam"
Ahí.
Clavado en el tejido.
como una marca de propiedad
como si supieras que mi corazón
seguira siendo tuyo
incluso después
De abandonarlo.
El forense traga saliva.
toma su libreta.
escribe algo.
su letra tiembla.
Causa del deceso:
"Abandono prolongado"
El corazón presenta marcas profundas.
Nombre del responsable
grabado directamente
en el tejido cardíaco."
Hace una pausa
vuelve a mirar el corazón.
yo lo observo todo.
con el pecho abierto.
con los órganos expuestos
como si mis secretos
hubieran dejado de pertenecerme.
Entonces
él se da la vuelta.
y yo le hablo
le cuento la historia.
le cuento de ti.
de cómo tu voz
era lo único
que podía calmar
el ruido del mundo.
De cómo tus manos
me enseñaron
que alguien podía quedarse.
y de cómo un día
simplemente
dejaste de hacerlo.
Le hablo de los mensajes
que nunca llegaron
de las noches
mirando un teléfono muerto.
de la manera
en que alguien puede irse
sin mover el cuerpo,
solo retirando el amor
poco a poco.
El forense escucha
al principio
con la distancia
de quien solo está trabajando.
Pero luego
sus ojos cambian
sus manos tiemblan
aprieta los labios
y finalmente
algo dentro de él
se rompe también.
Empieza a llorar
lágrimas silenciosas
que caen sobre la bandeja
donde descansa mi corazón destruido.
Deja a un lado
el protocolo profesional.
el bolígrafo queda inmóvil
sobre la mesa.
El informe
a medio cerrar.
Se inclina hacia mí
como si olvidara
por un momento
que soy solo otro cuerpo
sobre una mesa de acero.
Se acerca despacio.
y me da un beso
en la frente
un beso breve
torpe
casi compasivo
como si con ese gesto
quisiera reparar
aunque fuera un poco
del daño tan severo
que encontró dentro de mí.
Y por un instante
ese beso
me devuelve
mis últimos segundos de agonía
porque me recuerda
a tus labios
posándose en mi frente
con esa dulzura
mientras decias despacio
cuánto me amabas.
Por un segundo
mi cuerpo muerto
casi cree
que eres tú.
que volviste.
que todo esto
fue una pesadilla.
Pero el frío de la sala
me devuelve a la mesa
a la bandeja.
a mi corazón abierto.
a tu ausencia...
La lágrima del forense
cae sobre mi frente
y corre lentamente
como si quisiera limpiar
tu nombre
de mi piel
pero no puede
nadie puede.
El forense mira mi corazón
una última vez
luego me mira a mí
con esa tristeza
que tienen los vivos
cuando descubren
que hay dolores
peores que la muerte.
Suspira.
cubre mi cuerpo
y me lleva
hasta la cámara frigorífica.
abre la puerta.
y el aire helado
sale a recibirme.
Miro al forense
una última vez
se limpia la cara
rápidamente
Avergonzado dice en voz baja
casi entrecortada:
—Lo siento
—Esto…no fue muy profesional.
Pero vuelve a mirar mi corazón.
Y susurra,
casi como una despedida:
—Ya puedes descansar.
Se queda en silencio un momento
y entonces agrega,
antes de cerrar
aquella puerta de metal:
"Es que hay heridas
tan profundas…
tan humanas…
que ni siquiera
quienes trabajan
todos los días
con la muerte
pueden mirarlas
sin sentir
que algo dentro de ellos
también
acaba de morir"
—

Cadáver Exquisito.
Nunca aprendí a domar la nostalgia de este cuerpo adicto a tu ausencia. Rezo por tu ternura y repito tu nombre como un padre nuestro fúnebre frente al vacío.
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