He deambulado pasillos de autobuses durante toda mi estadía en la tierra, me he acostumbrado a los kilómetros y kilómetros de nada y todo, que se deslizan vertiginósamente entre sacudones de realidad y abismos de abstracción. A los vidrios de las ventanas, que han presenciado todos mis llantos, también; los recuerdo de todos los colores, temperaturas, cubiertos de lluvia, calientes por el sol, empañados… afuera está oscuro, y claro, diurno y de noche, la luna casi no se ve y las luces de la ciudad se aprecian desde arriba de la sierra. Tengo secretos que han quedado entre mis lágrimas y yo misma, y el vidrio.
Quiero compartir esos secretos, quiero que la tinta electrónica rece mis palabras volcadas como humilde tributo a las letras. ¿Necesito que sean oídas, las palabras? Supongo que sí, supongo que resemblaría mi huella marcada en el barro sagrado de la humanidad.
Agradezco, a quienes escuchen.
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