Me posee un inquebrantable silencio que me acecha y me revela la cara de mi monstruoso vacío. Paralizada observo cómo las telarañas han bordado púas donde una vez me acosté con mi amado. Aquí en esta cama, abandonada y en soledad.
Esta habitación ya no es lo que era.
La madera de la mesita de noche se pudre, ahí donde alguna vez apoyamos el té y el postre ¿Será por la mancha oscura en el techo, donde alguna vez contamos grietas, que se expande, y se expande, como una violenta verdad?
En esta fría habitación yace un cuerpo.
En la cama, una figura desconocida.
Mismas pestañas, labios carmesí.
En la cama, una figura desmembrada.
Mismas cicatrices, aquellas que descocí.
En la cama, la víctima de un cruel desengaño se pone los zapatos y enfrenta el frío amanecer de un Agosto hostil que amargó hasta la última ilusión, que la dejó sin amor.
Aquél que está hecho de olvido se tiñe de sombras pasadas, dolores y caricias que jamás volverán a ser suyas, no es más que una marioneta insípida que ha puesto la fé en su miseria, que no es amada y que anhela una libertad que ha perdido, reniega la soledad que siempre le ha pertenecido. Ignorante mujer, víctima de las manecillas insaciables del reloj, ignorante mujer yace en mi cama.
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