tengo una angustia tan concurrida en el pecho
llena de nostalgias, de adioses en el tiempo
de primeras veces olvidadas, de vagones no tomados
tengo una angustia tan concurrida que podría organizarla por colores, tamaños, olores
y las promesas rotas por épocas, por tacto, por sabores
tengo una angustia tan concurrida que me abraza las ausencias y me asiste cuando estoy maldito cayendo en las parálisis de sueño
tengo una angustia tan concurrida que los huéspedes de mi mente se regocijan destapando rencores con una falta de gentileza tal que cruzo una escoba tras la puerta para que no alcancen mi núcleo sensible
tengo una angustia tan concurrida que no debería concurrir más cuando estoy cansado de reuniones sin instrucciones, de mi genio crédulo y del tiempo incierto.
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