Extraño su risa escandalosa,
como si el mundo no le pesara,
como si cada carcajada suya
pudiera curarme el alma.
Extraño sus ojos inocentes,
que me miraban como si yo fuera
más de lo que soy.
Extraño las pláticas genuinas,
aunque a veces incoherentes,
eran nuestras,
y en ese desorden
se escondía una paz que hoy me falta.
Extraño su compañía y las salidas,
los caminos que tomábamos sin rumbo
pero con sentido,
porque bastaba que ella estuviera
para que todo lo demás sobrara.
Extraño…
lo que fuimos,
lo que no llegamos a ser,
y lo que aún no logro olvidar.
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