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Aun así

Nov 26, 2025

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Dicen que cuando expresas tus virtudes, uno debería poder nombrarlas sin trabarse, como si fuera fácil ver lo bueno de uno mismo. Pero cuesta, yo no sé si es que no las encuentro o si están escondidas detrás de todo lo que siento como defecto. Porque esos… esos sí aparecen rápido, casi sin buscarlos. Están a flor de piel, esperando cualquier excusa para salir. Y acá van, uno a uno:

Soy impaciente, me exijo demasiado y me enojo conmigo mismo cuando no llego a donde creo que debería estar. Porque sé que puedo dar más, pero entonces por qué no lo estoy haciendo, qué me traba, qué miedo escondido me frena sin que yo lo vea. Y esa pregunta se me queda pegada, como si fallar fuera una especie de traición hacia lo que creo que debería ser. Sobrepienso todo, incluso lo que no merece tanta vuelta, le doy mil formas a la misma idea hasta agotarla y agotarme, como si necesitar entender cada detalle fuera la única manera de no equivocarme. Y aun así, me equivoco igual. Entonces... ¿vale la pena?

Me preocupa decepcionar, así que me quedo callado más veces de las que quiero. A veces no digo lo que siento porque me da miedo que suene exagerado, o que lo tomen mal, o que piensen que estoy pidiendo demasiado. Entonces me guardo cosas que después me pesan, que se me hacen nudo en la garganta. Dudo de mí en silencio, comparo, analizo, anticipo escenarios que ni siquiera llegan, invento posibilidades que me dejan más tenso que la realidad misma. Me armo historias completas en la cabeza para prepararme para un golpe que ni sé si va a venir. Y mientras hago todo eso, me gasto energía en cuidar todo tanto de cosas que capaz nunca pasen, pero que igual me dejan golpeado.

También siento demasiado, me lo han dicho, y no precisamente como un elogio. A veces parece que sentir así fuera un problema, como si hubiera un límite que yo siempre termino cruzando. Y lo peor es que, aun sintiendo tanto, la mayoría del tiempo siento que no alcanza. Como si todo lo que llevo adentro fuera intenso pero insuficiente, y entonces me quedo atrapado entre lo que siento y lo que creo que debería sentir, como si hubiera una forma correcta de ser que todavía no aprendí. Que me deja ? Una sensación como si me tuviera que amoldar a otro, como si hubiera una versión “aceptable” de mí que tengo que sostener todo el tiempo. Un yo limitado, recortado, editado para no incomodar, para no molestar, para no desbordar, como si ser yo completo fuera demasiado.

Hay días en los que ni siquiera sé si soy suficiente o si simplemente aprendí a convivir con esa duda.

Cargo culpas que nadie me pidió que cargara. Me adueño de responsabilidades que no me pertenecen, como si todo lo que sale mal tuviera, de alguna forma, mi nombre escrito. Como si tuviera un complejo de superman, buscando siempre lo complicado para arreglarlo.

Como lo estoy escribiendo yo, los defectos no son suficientes, sigamos... soy desconfiado, aunque lo maquille con humor o con distancia. Me cuesta creer que alguien se quede por mí y no por lo que puedo dar. Me armo historias en la cabeza que ni siquiera son reales, y aun sabiendo que me hacen mal, igual las escucho. Me dejo para después, como si siempre hubiera algo más urgente, alguien más importante. Y si algo no sale como imaginé, me culpo a mí primero, como si fuese la opción más lógica.

Sin embargo, mientras escribo todo esto me doy cuenta de algo: que en cada defecto hay una forma torcida de virtud, que mi sensibilidad, aunque a veces me quiebre, es lo que me permite conectar, que mi necesidad de pensar todo es la misma que me vuelve atento, que mi miedo a no ser suficiente es el reflejo de mis ganas de ser mejor, que mis silencios no siempre son cobardía sino a veces cuidado, y que incluso mis dudas hablan de alguien que se toma las cosas en serio. Tal vez las virtudes no se ven porque no hacen ruido, tal vez están escondidas en los mismos lugares donde creo que están mis fallas, tal vez no se trata de elegir entre una cosa y la otra, sino de entender que soy ambas, y que al final defectos y virtudes no son enemigos sino dos maneras distintas de nombrar lo mismo.

No sé si algún día alguien me vea del todo y aun así elija quedarse; capaz que cuando lo hagan ya sea tarde, capaz que me encuentren en un momento en el que ya me acostumbre a vivir conmigo. Pero sigo eligiendo,quiero seguir creyendo que hay personas por las que vale la pena arriesgarse, seguir intentando y esperando. Porque esa esperanza es lo que no me deja ceder, lo que me impide creer que no hay alguien que pueda devolverme ese amor inocente con el que alguna vez soñé, esa forma de mirar a los ojos sin tener que estar alerta a que me vuelvan a lastimar. Sin dudas, sin miedos y sin condiciones.

Tomas Martin

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