— ¿Tú crees que hubiésemos sido buenos el uno para el otro?
Marian sabía que yo no tenía pelos en la lengua, que iba directo al grano y me precipitaba ante mi propio lenguaje, que cedía ante el poco autocontrol que llevaba conmigo y me arrepentía al tiempo después. Sólo por eso mi pregunta no lo tomó por sorpresa. Sorbeteó el té que le había preparado y volvió a dejar la taza sobre la isla de la cocina.
—Si quieres que sea honesto, mi respuesta es no. No en ese momento —respondió, elevando la mirada para encontrarse conmigo—. De hecho, cuando leí lo que escribiste, me sentí un poco mal de que tuvieras razón.
Pensé que se sentía herido, pero su mirada no me demostraba más que tranquilidad al poder sentarnos por fin a conversar de aquello que tuvimos tiempo atrás, viviendo el amor más fugaz de mi vida con tan solo veinte años, acurrucados en algún rincón del puerto de Valparaíso. En cuestión de segundos, busqué entre mis recovecos mentales para entender porqué él sentía que tenía razón. No dijimos nada por un rato. Me encendí un pucho y finalmente me senté junto a él.
—Fue la primera vez que escribí de una manera tan... cruda. Tan directa. No sé si —expulsé el humo en dirección contraria a su rostro— no sé si es algo que sigo pensando hasta hoy, quiero decir, somos distintos. Hemos cambiado mucho, han pasado años ya.
—Siete años, querida —concretó.
Lo miré un rato y le sonreí.
—Creo que tenís razón, no sé si hubiéramos sido tan buenos el uno con el otro, nos habríamos dañado mutuamente. Te habría lastimado por no saber darte lo que buscabas, y me habrías lastimado al hacerme sentir que me quitabas la única cosa en la que creo. La libertad.
No sé qué hora habrá sido, pero el cielo estaba más rosado que nunca y desde la ventana del departamento se podía ver perfectamente la costa. Todavía había gente apreciando el atardecer.
Con Marian nos habíamos conocido un año antes de lo que habíamos tenido. Nos gustamos al instante. Me sacó a bailar y me arrepentí por no haberlo besado esa noche, ni las noches siguientes. La vida urgía en separarnos, yo supongo que fue debido a que no debíamos conocernos todavía, ni descubrir la arqueología amorosa que componía nuestros corazones. Hasta el día de hoy no creo que la vida nos tenga permitido aquello. Y si lo pienso demasiado, ni siquiera sé si sea la vida quien nos prohibe descubrirnos mutuamente el alma, creo que somos nosotros mismos, que funcionamos como imanes que llevan consigo la misma carga energética y no logramos coincidir. ¿Cómo no vamos a coincidir si somos opuestos complementarios? Y sus elementos se nutren de los míos, y los míos de los suyos.
—Yo no iba a poder estar tranquilo conmigo mismo sabiendo que las cosas que compartías conmigo, de alguna manera, también las compartías con otros —se sinceró, haciendo que mi atención regresara a su rostro, a sus ojos, a su boca cuando me hablaba—, y tú, seguramente, no podrías haber sido plenamente feliz si yo hubiese estado constantemente coartando tu libertad de expresión.
Lo que me dijo fue un golpe de realidad, un balde de agua fría que no me calaba los huesos como te cala los huesos la lluvia y la tormenta, sino que me daba la frescura que sentís en una piscina en el verano y te relaja. Sentí calma. La suficiente para rodear la isla de la cocina y dejar un beso sobre su mejilla, esperando que ese gesto le pudiese decir las cosas que yo no me atrevía a pronunciar.
Cuando él se fue, seguí fumando en el balcón los últimos cigarros que me quedaban, repasando mentalmente una parte de la conversación que me enterneció por completo, haciéndome humedecer la vista. Ahora la costa no se veía bien, se veía borrosa tras las lágrimas.
«Siento que esos límites que tienes tú, se anteponen directamente con los míos. No digo que no hubiésemos sido felices, seguramente sí, de hecho, lo fuimos por un ratito, pero habría sido muy difícil».
Si tenemos suerte, habrá flores que ni el tiempo será capaz de matar y personas con las que no aterrizas en algo muerto porque, después de todo, él y yo estamos hechos de la misma madera, y si guardamos silencio adecuadamente, entonces seremos conscientes de que nuestros latidos golpean en nuestro pecho simultáneamente.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión