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Así empezó, así empezamos

Jan 5, 2026

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Así empezó, así empezamos
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Así empezó nuestro año

con el inventario incompleto de los miedos

y una taza de café temblando en la madrugada,

con la ciudad bostezando semáforos

y yo aprendiendo a pronunciar tu nombre

como quien prueba una contraseña nueva

sin saber todavía qué puertas abre.

Así empezó

con la torpeza luminosa de dos desconocidos

que se miran como si el mundo

hubiera decidido guardar silencio

para escuchar mejor.

Así empezamos

como empieza el fuego cuando aún es promesa:

una chispa discreta,

un gesto mínimo,

la sospecha de que arder

también puede ser una forma de hogar.

Así empezó

con canciones que no sabíamos que nos esperaban,

con bares que aprendieron nuestra risa

y mesas donde el tiempo se sentó a mirarnos

sin reloj ni prisa.

Así empezamos

como el asfalto después de la lluvia:

duros por fuera,

pero reflejando el cielo

cuando nadie lo espera.

Así empezó

con miedo, sí,

porque todo lo verdadero da vértigo,

porque quererse es aceptar

que el suelo no siempre avisa

antes de desaparecer.

Así empezamos

con una valentía torpe,

prestada,

suficiente para quedarnos

cuando lo fácil habría sido irse.

Recuerdo el primer día

como se recuerdan las fechas importantes:

no por el número,

sino por la forma exacta

en que el corazón aprendió

una nueva manera de latir.

Ese día

las calles parecían ensayadas,

los semáforos conspiraban a nuestro favor,

y hasta el ruido del mundo

sonaba a fondo musical.

Todo pasó sin grandes fuegos artificiales

—porque el amor serio no necesita espectáculo—

pasó como pasan las cosas que importan:

en voz baja,

dejando huella.

Así empezó nuestro año

mientras el mundo seguía con sus guerras,

sus titulares urgentes,

sus tragedias en letra pequeña,

y nosotros aprendíamos

que dos personas sentadas frente a frente

pueden ser una forma legítima de resistencia.

Así empezamos

descubriendo que estar

ya era bastante,

que no hacía falta llegar primero,

ni ganar nada,

ni demostrarle al futuro

que teníamos razón.

Así empezó

cuando entendí que no tenía que salvarte

ni tú rescatarme,

que bastaba con caminar juntos

sin empujarnos al abismo

ni disfrazarlo de destino.

Aprendí tu silencio

—ese que no pide explicaciones—

y tú aprendiste mis manías,

mis excesos de palabras,

mi costumbre de escribir

cuando no sé quedarme quieto.

Así empezamos

a construir algo que no hacía ruido,

pero pesaba,

como pesan las cosas que son verdad.

Hubo domingos que parecían lunes felices,

noches que duraron lo justo

para no romperse,

planes improvisados

que resultaron ser refugios.

Así empezó

cuando tus ojos dejaron de ser solo hermosos

y se volvieron hogar,

cuando tu risa dejó de ser sonido

y se convirtió en dirección.

Así empezamos

a doblar los mapas,

a cambiar rutas,

a aceptar que no todo se entiende

y que aun así vale la pena.

Nuestro año

no fue perfecto,

fue honesto,

y eso lo hace invencible.

Porque empezamos con miedo,

sí,

pero aprendimos a dejarlo atrás

sin hacerle monumentos.

Porque entendimos

que amar no es prometer eternidades,

sino sostener el presente

con las dos manos.

Así empezó

y así empezamos:

sin saberlo todo,

sin tenerlo claro,

pero con la certeza rara

de que, por primera vez en mucho tiempo,

el camino

no dolía.

Así empezó nuestra historia

y, aunque el mundo insista en terminar cosas,

esto no ha acabado.

Solo sigue.

Luis Cortina

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