Andaba pegando carteles en una esquina cuando del grito agudo en saludo de muchacha me trasladé a medio siglo de recuerdos.
Así la conocí, rubio pelo, ojos verdes, mirada ladeada y sonrisa jocosa, meciendo los dientes al melódico hablar ¿La soñé o es real?.
Imaginando lo ideal es como llegué a ella y sus manos me estrellaron colisionando planetas. Me tradujo versos de Von Saar.
Le regalé canciones y una obra teatral. Bailo conmigo interminables noches pero luego también se tuvo que marchar.
Desolado acudía a su encuentro y en la noche me dejaba llevar. Figúrese el rumbo del viento con gélida melodía levitar en natural trayectoria lingüística hasta que alguien me invitó a pensar:
-Dicen son cuatro amigos.
-Artistas todos, sin igual .
-Cada área de disciplina, es su sagrado espacio terrenal.
Aludido por sus entonaciones, por sus cánticos me dejé comprar y acudí al núcleo del mundo; una casa antigua colonial.
Solar profundo nutrido por vegetación, dejaba entrever un gran universo interior. Cuando al ritmo de los tambores una asamblea comenzó.
Reunidos los cinco, pactamos de corazón nunca interferir en el capricho de expresar el arte de la gran mente interior. Universalizado el mutuo acuerdo, bailamos de corazón y esa noche de misticismos algo inició.
El amplio mundo fue dado vuelta, el futuro distante llegó, se conjugaron las almas y las letras y la historia renació como una llamarada rítmica que desplaza sus ideas en el viento del tiempo muerto. Tanto espacio redimido al primer mito: el verbo.
Uno de los últimos días interrumpió un Sainete el grito quebrado de la mujer pintor al ver al actor de teatro cortarse las venas con una daga de plata. Los dos poetas y yo inmediatamente empezamos a escribir y decidí que sería mejor estructurar una larga prosa ominosa sobre el hecho.
Todos observamos la vida latir en los ojos desorbitados del actor que al morir, gritó: “Un logro sobrevivido”.
Al día siguiente un gran cuadro rojo con diez y ocho letras blancas adornaba la sala de estar, tras el busto de Novalis.
Dos sonetos fúnebres fueron compuestos y recitados en las melódicas horas del olvido y un eterno cuento es repetido en el rítmico ciclo de la leyenda.
La misma sangre que regó el suelo cubre hoy el proscenio del milenio; En que todos nuestros libros se marchitan perdidos en el eterno olvido.

Soldado Desnudo
Escribo en todas las superficies. Las palabras brotan sin significados, son el cúmulo olvidado y de ellas me alimento.
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