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Apetencias

Jul 9, 2026

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Apetencias
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Si lo tenía, como contaban, tenía en efecto, el caminar de los guapos, aunque, ¿Qué tanto

conocía en aquel entonces sobre tipos guapos? En el Puerto, donde nací, era suficiente salir

al parque y ver las mismas caras en busca de atención, hombres medianamente atractivos,

de fácil conversación, pero sin ese curioso caminar.

Aun lo recuerdo, llegue a la ciudad de México en 1974, a inicios del año. En

Veracruz, mi madre había fallecido debido a un cáncer mal tratado, durante sus últimas

semanas había pasado la mayor parte del tiempo dormida, sin apenas poder hablar,

despertada tan solo por los ataques de tos que inflamaban su rostro, como si los ojos fueran

a salírsele de las cuencas.

Una vez pasados los funerales, con las carteras vacías después de nueve días de alimentar a

todos los vecinos, mi padre decidió que sería bueno salir a trabajar a la capital, me sugirió

buscar empleo como mesera o camarista de un hotel, que allí seguro pagarían muy bien, lo

suficiente para enviarle la mitad y quedarme con el resto para mantenerme en la ciudad.

En el Distrito Federal rente un pequeño departamento en la zona de Tlalpan, en un

complejo habitacional bastante modesto, tal vez demasiado para una mujer decente como

mi padre quería que yo fuera; la búsqueda de trabajo no resulto tan bien, apenas había

terminado la secundaria, y no sabía hacer mucho, la única opción que me dejaron fue lavar

vasos en el bar, con un mes de prueba, como si lavar vasos de licor fuera una empresa muy

complicada.

Cuando conocí a Pedro, regresaba de una de las jornadas en el bar, él vivía en el edifico de

al lado, lo había visto un par de veces, siempre de madrugada, estaba de pie, recargado en

la pared, sosteniendo un cigarrillo en la mano izquierda, al verme se bajó el sombrero,

parecía que vigilaba algo o a alguien, miré hacia el otro extremo de la acera, entonces la vi,

una mujer con un abrigo hasta las rodillas, tacones altos, y el pelo ondulado, una prostituta

en toda regla, en aquel momento pensé que Pedro deseaba contratarla.

No puedo negar que llevaba semanas dándole vueltas a la idea de dedicarme al oficio

más antiguo del mundo, con el pago del bar apenas podía pagar la renta, ni hablar de ayudar

a mi papá.

Había visto a muchas mujeres por la zona, supuse que no sería muy difícil, mirando de reojo

a Pedro, lo decidí sin pensarlo mucho, caminé hacia él, sacando un cigarrillo de la pitillera

del abrigo.

- ¿Tienes fuego?

- ¿Eh?, Claro…ten- El hombre me entrego un encendedor plateado, una vez se la devolví,

sonreí con el cigarrillo en la comisura de los labios, el me correspondió, por encima de

aquellos expresivos labios había un bigote delgado, arreglado con esmero.

- ¿estás…buscando compañía? Vivo muy cerca…podríamos ir.

Con un voz grave y ronca debido al humo río- ¿ir contigo? Me lo voy a pensar…-dijo en

tono burlón

-Lo digo enserio….

-Yo también, mejor piérdete de una vez

-Me llamo Ana, vivo en los departamentos de al lado, número 13

-Me llamo Pedro, vivo al lado…-Esa noche volví a casa sin éxito, la rutina permaneció

igual por varios días, debido al trabajo del bar, dormía hasta el mediodía, momento en

donde bajaba a buscar algo para comer. Al parecer la vida de Pedro era similar, jugueteaba

con un paquete de cigarrillos fuera de la tienda, a pesar de la hora llevaba traje de noche y

zapatos de charol, tenía ojeras que ni siquiera el sombrero podía disimular.

-Buenas tardes….

-Hola… ¿me das uno?

-Primero fuego y luego cigarros… ¿Es que no trabajas?

-Mi trabajo es terrible…en el bar del Saint Regis….

-Eso explica…tu atuendo…-Pedro subió el tirante del camisón, supe que había visto todo el

escote de forma descarada, no se lo impedí-ya me imaginaba que no eras puta, pero nunca

pensé en lavavajillas.

-Tú en cambio estás muy elegante…para ser tan temprano….

-No he ido a dormir, vamos por un café, ¿si, Ana? -Asentí y caminé hacia los edificios

contrarios al mío, un lugar con los mismos colores que donde vivía, con la pintura raspada

en algunas zonas, en la mano derecha llevaba una bolsa de queso que traté inútilmente de

esconder.

¿Qué haces tú? ¿Tienes un trabajo?

-Lo tenía hacía unas semanas…-Pedro vivía en el primer piso, al fondo, departamento

número 27, al llegar se sacó el sombrero y el gabán, para sentarse en un sofá, sin decir

palabra busqué la cafetera y serví una taza para cada uno.

-Eres buena camarera… ¿por qué quieres ser puta?

-Ganaría mucho más tiempo por menos horas de trabajo….

- ¿Eso piensas?

-no lo sé…parece que tú vas mucho más de putas…-Pedro se sacó los zapatos, talló los pies

en la alfombra barata para estirarse-Yo no voy de Putas…no es mi estilo

-No parecía así la otra noche

-Eso a ti no te importa… ¿sabes que creo?

- ¿Qué?

-Que tú no quieres ser puta…solo quieres entregar las nalgas al primero que puedas, además…ni siquiera eres mujer de mis apetencias…

- ¿de verdad eso piensas? -dije, acercándome hacia el hombre, mire el bigote castaño, los ojos verdes.

-Quien sabe, tendría que probar…-El café en ayunas me había puesto de los nervios,

comenzaba a desesperarme de la conversación-Prueba entonces, ya te lo ofrecí la otra noche

-En la Merced hay un hombre que le gustan las mujeres como tú…morenas, pelo negro…

¿De dónde eres…?

-De Veracruz

-Porteña…-Asentí, acariciando con mi pie desnudo el tobillo del hombre, aunque apenas le

conocía.

- ¿Quieres probar, o no es tu estilo?

-Podría probar…-Pedro apagó el cigarrillo y se giró hacia mí, no podía negar que era un

hombre muy atractivo, también supe en aquel momento que era un canalla, pero no más

que mis jefes en el Saint Regis. Los labios de ambos tenían el mismo sabor, el tabaco

mentolado de hace un momento, al ponerse encima mío, se desabrochó la camisa, un

cuerpo fuerte, ejercitado, desprendía un leve olor a sudor, mezclado con la loción,

seguramente por llevar de pie tantas horas como decía, cuando creí que seguiría con los

pantalones se detuvo sin decir mayor explicación.

Aquel encuentro frustrado acabo casi tan rápido como había empezado, Pedro saco unas

tortillas, ambos comimos tacos de queso con salsa, una vez que me había llenado insistí

nuevamente por el trabajo del hombre y si pudiese ayudarme a dejar

el bar.

-Haces demasiadas preguntas…soy padrote si es lo que quieres saber…o al menos lo

era…aunque ahora que lo pones así podríamos llegar a un acuerdo, digo ¿no?

-Claro que sí, estoy ansiosa por dejar ese trabajo

-entonces muévete…vamos a tu casa a buscar algo…decente…-Minutos después estaba en

el auto, un elegante descapotable negro, Ford Mustang 1962, según me lo dijo el propio

Pedro, él se había vestido con un suéter sencillo, y en la parte de atrás llevaba un porta

trajes con el atuendo que usaría esa noche.

Pedro condujo hasta llegar a la zona de hoteles, la mayoría de los establecimientos tenían

luces neones que habían visto mejores tiempos, se encontró con un policía, pensé que

habría algún problema, pero ambos parecían ser incluso amigos, menciono que podría

conseguirle a otras dos guilas, que eran regenteadas por un tipo llamado “El gringo” de

quien Pedro hablaba con mucho respeto. El hombre me entrego un paquete de condones y

una cajetilla de cigarros dijo que regresaría en dos horas, mientras iba a buscar a las

mujeres que le había dicho el policía.

Al volver yo había perdido toda la decencia de mi padre tan inultamente trato de cuidar en

Veracruz, pero había reunido el dinero esperado además de acabar con la caja de

preservativos, Pedro volvió con dos prostis más en el coche, las presento como Leonor y

Nayeli. Mientras nuestro protector contaba los billetes pensé que ese par esa realmente

vulgar, con su pelo rubio falso, de raíces negras y puntas quemadas, además Nayeli era,

invariablemente un nombre de puta.

-ten mi reina, lo que te toca, échale ganas pa’ tenerme contento-Dijo Pedro al entregarme mi parte del dinero.

Por la madrugada, además de pago en metal, recibí por fin una muestra de los dotes amatorios del proxeneta, durante algunas semanas la rutina transcurrió sin mayores cambios, por las mañanas, con apenas un par de horas de sueño recibía la llamada de mi padre, a quien mentía acerca del trabajo en el bar. Por las noches, ya maquillada y

disfrazada iba al talón con mis dos compañeras, el patrón, como le decía Leonor nos vigilaba cada tanto para asegurarse de que siguiéramos vivas o bien que no nos habíamos ido a bailar con algún cliente demasiado amigable.

Debido a la cercanía de nuestros departamentos al terminar la jornada Pedro y yo solíamos quedarnos en el departamento del otro, ambos parecíamos adaptados a la dinámica, compartir la cama y la comida en una ambigua relación laboral en donde además de ser el jefe, Pedro era amante, vecino y hasta albañil cuando necesitaba alguna compostura en el deslucido departamento. Por mi parte había adoptado varias de las maneras de Nayeli y Leonor, inclusive las formas tan estúpidas de llamar a Pedro, desde papito, rey o mi vida, todo era aceptado para mantener contento al hombre del gabán.

Aquella aparente familiaridad era quebrada durante el horario laboral, Nayeli, Leonor y yo nos pasábamos la noche de una habitación a otra, cuando el jale andaba flojo íbamos a las cantinas, a buscar que podíamos encontrar, al menos que nos invitaran una copa de licor barato que siempre acabábamos derramando en la hielera.

En una de esas noches de desvelo, Pedro se encontraba masajeándose las manos, sonrió al vernos, aunque estaba más pálido que un papel.

- ¿Qué pasó muñeca? ¿Ya juntaste la feria?

-si… ¿pero ¿qué pasó? ¿Y las demás?

-Nayeli y Leonor ya se fueron a sus casas, entra al coche…-dijo a la vez que un hombre salía de la habitación del hotel, saludó con una inclinación del sombrero, forzada, parecían conocerse de antes, Pedro salió del coche, con extraña parsimonia ambos hombres se quitaron los pesados abrigos

- ¡Pedro Navaja!

-Kaliman…., pensé que aún te quedaba mucho tiempo en la cana….-supuse que aquel tipo era el hombre de quien Pedro solía hablar de vez en cuando, menciono que había salido hace poco del penal. Al verlo mire que en efecto tenía un cierto parecido con la historieta, pero mucho más feo.

- ¿te crees muy gallito? ¿Tienes valor ahora que mataron a tu jefe?

-siempre he tenido valor… ¿y tú? -Pedro saco la navaja del bolsillo derecho, exigiéndole al hombre lo propio.

Al ver la pelea me sentí en primera fila de la arena México, ambos oponentes parecían expertos en el manejo del filo, Pedro con movimientos rápidos y atléticos, el otro proxeneta era mucho más violento, impulsivo.

Un corte atravesó la camisa de Pedro, solo rompiendo la axila de la prenda, después de una zancada, la navaja del Kaliman cayó varios metros lejos del coche, mi jefe sonrió aunque aquello fue breve, su enemigo se le lanzó al cuello, dándole un fuerte puñetazo en la quijada, Pedro, ya una vez ambos en el piso, luchó como un perro, dando patadas y arañones, para finalmente enterrar la Navaja en un lugar sin peligro, el tobillo.

El Kaliman se retiró cojeando ligeramente, Pedro se subió al Mustang, yo estaba en el asiento del copiloto, y gracias a la luz de un farol cercano vi la sangre escurrir por la mejilla del hombre

- ¿Qué te pasó mi amor?

-estoy bien…vámonos al cantón ….

-¿qué pasó…? No pensé que en verdad fuera un tipo peligroso….

-mañana hablamos…-dijo Pedro agarrándose la mejilla, encendió un cigarrillo que resbaló por sus labios heridos y sangrantes.

-te ayudaré cuando lleguemos

Al llegar Pedro hizo la rutina como siempre, contó el dinero, se sacó el suit y se dio un baño rápido, lo notaba inquieto y nervioso, al intentar fumar mostro una mueca de dolor, echó en el pañuelo que llevaba en el bolsillo, un escupitajo de sangre y saliva, con un fuerte olor a hierro

-¿Qué tienes papito?

-el pendejo me rompió el diente, me lo tengo que quitar-Pedro con el mismo pañuelo manchado y con aparente sangre fría se arrancó el diente, era el del lado derecho, junto al colmillo, con una mueca de dolor, escupió un gargajo sanguinolento que le dejo un agujero entre su dentadura blanca a pesar de tanto tabaco.

Mas allá de nuestras travesías nocturnas, apenas conocía cual era la vida de Pedro durante el resto del día, aunque dormía mucho mientras yo arreglaba la casa, a veces salía a cortarse el pelo, al gimnasio o arreglar cualquier negocio chueco que estuviera planeando.

-arréglate mamasita, me vas a acompañar a un “bisnes”

-¿Hm? ¿Yo?

- ¿pues quien más? ¿nada más estas tu? Digo ¿no? -Pedro condujo hasta llegar a una zona más acomodada, mis ojos, ya hechos a la vida nocturna, ardían ante tanta claridad, llegamos a una pequeña clínica de luces blancas y aroma a desinfectante, Pedro me indico que me quedara en la sala de espera, me entrego el sombrero de fieltro beige y los lentes Ray Ban entintados en marrón.

No supe cuánto tiempo transcurrió en el dentista, sentí que me había quedado dormida por un momento, cuando Pedro salió me mostro su amplia sonrisa ahora arreglada, en el agujero de hace unos momentos ahora se encontraba un brillante diente de oro que parecía iluminar toda la habitación.

-¿Y bien? Dame un cumplido por lo menos, digo ¿no?

-se ve…diferente…

-muévelas cabrona, tanto humo y chupe ya te dejo tonta, vamos a ver a las otras, hay que ir a bailar….

Acudimos a “Los Pajaritos”, la casa ya había perdido suficiente como para ir a un establecimiento costoso. Después de un par de copas, Pedro se animó a la pista de baile,

al inicio el grupo tocó un bolero suave, lindo, pero aburrido, para pasar a un animado Cha

Cha Cha: Amalia Batista. Pedro y yo bailamos la larguísima canción sin apenas pausas, la

parte de atrás de la americana se movía al mismo ritmo que mi vestido. Nuestros pies se

sincronizaban al mismo son de los músicos. Al terminar incluso recibimos los aplausos de

algunas otras parejas, discretamente tuve que limpiar el sudor que caía en por mi pecho, hasta llegar al ombligo. -estoy muy cansada….

-yo igual…vámonos…-Pedro me tomó del brazo, antes de subirnos al coche decidimos fumarnos un último cigarrillo, la calidez del fuego hacían brillar aun mas el diente de oro.

-¿Qué tienes? Luego te pongo uno igual, si lo ves tanto…digo ¿no?

marisol hernadez

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