Aún me acuerdo de aquel julio
en el que hacía frío
y desapareciste.
Yo estaba ahí,
con las valijas repletas de sueños,
un vestido de novia
y un corazón
lleno de amor para dar.
Pero no volviste.
No hubo explicación,
ni despedida,
ni un por qué.
Aunque después entendí
que sí la había:
miedo.
Miedo a mirarme a los ojos
y decir
que no me amabas,
que no estabas listo,
que no era conmigo.
Y me dejaste
con el vestido,
con los nombres de hijos,
con todo lo que iba a ser
y no fue.
Sola.
Sin que nadie supiera
cómo se sobrevive
a algo así.
Y, sin embargo,
no te odio.
No te detesto.
Te agradezco.
Porque mi lugar
no era sostener sola
lo que siempre fue de a dos.
Te agradezco
porque el abandono
me obligó a elegirme.
Porque en ese frío
aprendí a volver a mí.
Porque me volví fuerte.
Porque entendí
lo que no quiero.
Porque ahora sé
que amar
no es perderse en otro,
es, primero,
no dejarse
a una misma.

Ani
Entre páginas y susurros, voy dejando fragmentos de mi vida. Este blog es mi rincón para escribir lo que siento y pensar en voz alta.
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