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Antes de tiempo

Feb 18, 2026

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Antes de tiempo
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Siento que te perdí sin perderte,

antes de tiempo,

cuando todavía respirás

y tus manos siguen siendo las mismas,

con sus arruguitas suaves,

sus venas marcadas por la vida,

esas manos que me alzaban sin esfuerzo

y me sostenían como si el mundo

pudiera esperar.

Las manos que me sentaban en tu regazo,

mientras tus dedos, con una ternura infinita,

me recorrían las cejas

y decías que eran iguales a las tuyas.

Como si al nombrarme

me dejaras un mapa

para no perderte.

Las mismas manos

que me hacían cosquillas en los pies

cuando yo fingía dormir,

y sonreía en silencio,

para que no supieras

que yo también quería quedarme ahí,

un ratito más.

Capaz por trabajo

no estuviste en ningún acto escolar,

pero estuviste en cada mañana,

llevándome y viniendo a buscarme,

sin importar el clima,

ni la vida,

ni el cansancio.

Ya no quiero crecer más, pa.

Crecer me duele.

Quiero quedarme con vos

para siempre.

Toda la vida supe

que tu tiempo era distinto.

Que tu edad no jugaba

con las mismas reglas

que la de los otros papás.

Me llamaron nieta cuando era hija,

y sentí vergüenza y culpa.

Y me sentí culpable por sentirme así,

si para mi siempre fuiste

de las mejores cosas

de mi vida.

Quizás por eso te miré siempre

como quien guarda agua en las manos

sabiendo que se va a escapar.

Como quien abraza

contando los segundos,

con miedo de que no alcancen.

Hoy te refugiás en tu juventud.

En tus anécdotas de joven,

en Clint Eastwood,

en John Wayne,

en las mismas películas

que te devuelven

al hombre que fuiste

cuando todo parecía intacto.

Me contás las mismas historias

una y otra vez.

Cinco veces.

Diez.

Y yo las escucho

como si fueran nuevas,

porque en cada repetición

todavía estás vos.

Ahí, escondido en algún lugar,

y yo quiero encontrarte.

Pero hay destellos que se apagan,

pequeños gestos que ya no vuelven,

y me aterra el día

en que no recuerdes nada.

En que tu memoria me suelte

antes de que la vida lo haga.

Extrañarte es raro,

porque estás,

pero no del todo.

Porque ya no hay mensajes,

casi no hay llamadas,

hay días en los que no hay una voz

que me cruce la distancia.

Ya te olvidaste de cómo se usa el celu.

Y yo puedo olvidar otras ausencias,

otros dolores,

otras nostalgias.

Pero a vos no.

Nunca.

Aparecés cuando me acuesto,

cuando suena una canción vieja

de esas que nos encantan tanto,

cuando el mundo se aquieta

y se prende

esa lamparita mental

que me recuerda

cada buen momento que me duele.

Todavía guardo

la última videollamada que hiciste

sin ayuda de nadie,

ese “te amo” que me dijiste

como quien deja una semilla

para cuando ya no pueda hablar.

Y guardo también

el día que no estabas bien

y me llamaste a mí primero.

Como si, incluso en tu niebla,

yo siguiera siendo tu refugio.

Me duele no haberte perdido,

pero sentir que sí.

Me duele despedirte

cada día un poco,

sin funeral.

Toda la vida me preparé para perderte,

como si anticipar el golpe

pudiera hacerlo menos cruel.

Y en ese intento

aprendí a temer

más de lo que aprendí a disfrutar

el tiempo a tu lado.

Pero aunque me prepare,

aunque me anticipe,

aunque lo piense mil veces,

nunca voy a estar lista.

Vos sí viviste varias vidas sin mí,

te confieso que no sabría vivir ni una sin vos.

Porque no se puede estar lista

para perder

a una de las personas

que más se aman en el universo.

Y aun así, a pesar del dolor

te llevo diariamente conmigo:

en la forma de mirar,

en mi manera de ser,

en la nostalgia fácil,

y en este miedo antiguo

de quedarme sin vos

que me ataca sin falta

todas las noches.

Si pudiera pedirle algo al tiempo,

no sería detenerlo,

sino habitarte mejor,

aunque sea desde lejos,

aunque sea en recuerdos,

aunque sea en poemas

que digan por mí

todo lo que ya no puedo decirte.

Porque te amo siempre, papá.

Te lo digo siempre.

Siempre.

Incluso ahora.

Incluso así.

Incluso antes de tiempo.

Milagros 🌀

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