mobile isologo
buscar...

Antes de que el tiempo aprenda a llevarse tu voz.

Feb 16, 2026

460
Antes de que el tiempo aprenda a llevarse tu voz.
Empieza a escribir gratis en quaderno

Nadie nos enseña a hablar con quienes tememos perder, y sin embargo toda la vida es un ensayo para ese diálogo.

Abuela, hay palabras que solo encuentran su forma cuando se pronuncian frente a vos, como si tu presencia fuera la única gramática posible para lo que tiembla adentro. Te hablo así, de frente, sin metáforas que disimulen, sin el pudor torpe que a veces se interpone entre los vivos, te hablo como quien regresa a la primera lengua que aprendió antes de saber hablar.

Cuando mis labios vuelvan a tu frente, todos esos besos rojos que mi boca entregó por el mundo huirán como sombras cuando se enciende la luz. No habrá competencia ni nostalgia por ellos, sabrán que su destino era apenas un tránsito, una práctica imperfecta antes de este gesto definitivo. Porque hay besos que no buscan deseo ni respuesta, sino origen. Y tu frente, esa superficie donde el tiempo escribe con una paciencia que no conoce tregua, es el lugar donde mi historia vuelve a empezar.

Tus arrugas, abuela, no nacieron del paso de los años sino del peso del pensamiento.
Cada una es una pregunta que se quedó a vivir en tu piel. ¿Dónde estará mi niño?, ¿por qué no llega?, ¿qué viento lo retiene en calles que no llevan a casa? Son surcos abiertos por la espera, por esa forma silenciosa de amar que consiste en nombrar a alguien aun cuando no está. Yo puedo besarlas, recorrerlas como quien recorre un mapa antiguo donde cada línea conduce a una memoria, pero no puedo borrarlas. Las arrugas del amor no se borran, se vuelven territorio sagrado, escritura que el tiempo respeta.

Déjame tus manos.

Tus manos tristes como aves que han volado demasiado y, sin embargo, siguen abiertas al cielo. Manos que rezaron tanto por mis errores, por mis desvíos, mis torpezas, mis pasiones vanas, que el aire mismo aprendió a pronunciar mi nombre con tu entonación. ¿Sabés, abuela? A veces siento que sigo vivo gracias a esas plegarias que no escuché en su momento. Como si cada una hubiera sido una cuerda invisible atada a mi espalda, impidiéndome caer del todo.

Quiero besarlas sin apuro.
Demorarme en ellas como quien se queda en la orilla de un río sabiendo que ahí comienza todo. Porque en esas manos se guardan las historias que todavía no sé contar, los miedos que no supe nombrar, las veces que me perdiste y me encontraste en silencio. Si alguna vez el mundo me pidió explicaciones, fueron
tus manos las que respondieron por mí sin exigir nada a cambio.

Y ahora, madre, porque en toda abuela habita también una madre que se prolonga, déjame arrodillarme. No como un gesto de sumisión, sino como quien busca la altura exacta donde el corazón puede descansar. Apoyar la cabeza en tu regazo es volver al centro de un universo que nunca dejó de latir. Decime “hijo de mi alma” con esa voz que parece venir desde antes de cualquier idioma. Decímelo despacio, como se dicen las verdades que no necesitan demostración.

Quiero llorar con vos.

Llorar sin pedir permiso, sin la vergüenza inútil que el mundo enseña a los hombres cuando les exige dureza. Llorar como lloran los que todavía creen en la ternura como una forma de resistencia. Porque hay lágrimas que no son debilidad sino memoria líquida, todo lo que fuimos, todo lo que no supimos decir, todo lo que aún se aferra a permanecer.

Me aterra, sí, me aterra pensarlo, el día en que me faltes.
El día en que tu voz deje de nombrarme con esa exactitud que me devuelve al origen. Hay ausencias que no caben en ninguna teoría del tiempo. Ausencias que no se comprenden, se atraviesan. Me asusta un mundo donde no pueda buscarte con la mirada y encontrarte sosteniendo, en silencio, la continuidad de lo que soy.

Porque si alguna vez he sido algo digno, algo que merezca permanecer, nació de esa manera tuya de mirar sin juzgar. De esa forma de amar que no exige perfección, solo presencia. Vos me enseñaste que la ternura puede ser una arquitectura secreta capaz de sostenerlo todo, incluso a quienes todavía no saben sostenerse.

Por eso te hablo ahora.
Porque e
l amor también es anticipación.
Porque hay palabras que deben pronunciarse antes de que el tiempo las vuelva irrepetibles.

Si alguna vez mis pasos se vuelven errantes, si el mundo me empuja hacia geografías donde el nombre se pierde, sabré regresar siguiendo la brújula de tu voz. Esa voz que no envejece, que no se gasta, que pronuncia “hijo” como si el universo entero cupiera en esa sílaba.

Abuela, madre, refugio. Si un día el tiempo intenta llevarte, quiero que sepa esto antes de tocarte.
Que en mí ya vive tu manera de resistir. Que en mi memoria se enciende tu luz cada vez que el mundo oscurece. Que aunque el calendario avance con su obstinación de hierro,
hay un lugar donde seguimos intactos, vos llamándome, yo llegando, y el amor, ese animal antiguo y luminoso, respirando entre los dos, como si
nunca hubiera aprendido a morir.

Nicolás

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión