QUIZÁ EL FERNÉ
con porciones desmedidas,
o este sábado
con aires de grandeza,
que se cree rey
de mi antología.
La tarde vulgar,
desconocida,
conmueve a mi sistema nervioso
que pone tu boca en la sien,
de un beso
que solamente era eso
y no todo lo que vino después.
Sin la anomalía
que antecede el temporal,
la resurrección
sin cuartada
de esta soledad
presiona con sus manos
mi garganta.
Los rumores,
los rostros,
el aroma sólido,
la química,
los poemas no escritos,
la rendija
por donde se filtran
todos los pretextos.
Lo que no se dice a tiempo:
el fracaso,
fue un gran gusto conocerte,
hoy es otra mi suerte.
Se presentan ante mí
los fantasmas:
del río,
los adoquines
y el pasillo improvisado,
para convencerme
de que no merezco
que tus ojos
se reconcilien
con la mentira
de la memoria impura.
Esta dosis de iluso
le pertenece a la poesía,
que me empuja
a convertir la pérdida
en pasión.
Amar es saber
que el otro es libre
de no elegirte,
y sin embargo
jamás con un me voy
se perdió tanto.
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