Llevas incontables
amaneceres
secuestrándome
el anhelo.
Como lastimera
de la indecisión,
meces tu ternura
cruda en mis
jardines.
A la medida
de labios de jarabe
te destinas a mí.
Secuestras
mis sentidos,
y a deseo de volver
(a vos, por ser
nosotros),
dejo caer
lo que jamás
he callado
en la prisa
por saberte.
Estas líneas
no conducen la queja,
sino que acontecen
la historia
de un incendio
que no se acerca
a lo que termina.
Un incendio
de enero que sigue
tambaleándose.
Anómalo y dulce(mente)
tenaz; nos remite.
Atenta tu partida
en las noches deshechas.
Sabré que en el diálogo
del irte, secretas un
volveré.
Sabré que te irás
antes del mediodía,
para aproximarte
con el corazón
descalzo,
amedrentando
al por-venir.
Estarás acá
nuevamente
cuando tus manos
en la superficie
de mi memoria
sientan al viento
y no a tu tacto;
a tu aliento.
Volverás
intencionada
de amor en más
amaneceres.
Acá voy a estar,
desármandome
en la espera.
Y fingiré
en cada a-verte
no entender
el presente.
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