Sé que mi propia referencia soy yo.
Cuando digo que adorar en silencio es una virtud, y la paciencia otra, quizá tenga un poco de ambas, o tal vez nada.
Sé que es tu primera vez en la vida. Soy muy paciente. Mi alma es más vieja que la tuya, pero te esperó mucho tiempo.
He nacido tantas veces que olvido cuántas veces amé, pero nunca fue menos que mucho.
Empecé a esperar llamadas que no llegaban.
Espero desde antes que existieran los teléfonos.
Espero antes de que alguien hablara.
Soy una moneda de valor menor en un rejunte de billetes.
No podría comprar nada que realmente valga.
Ni dulzura momentánea.
Mis pensamientos no son claros cuando mi cuerpo está abstinente.
Sé que caminé de rodillas.
Sé que rogué.
Once días.
Once meses.
Ningún deseo pedido a las once once se cumplió aún.
Salgo de mi cuerpo en madrugadas.
Lo desconozco y lo resiento.
No es mío porque es impuro.
No soy de nadie ni jamás lo seré, porque soy impura.
Porque todo en mí se siente corrompido.
Pero todos los doctores dicen que estoy bien.
Que el tiempo cura.
¿Qué es lo que cura?
¿Qué es lo que sana?
Me falta luz y mi piel es morena.
Me falta alma y ya soy vieja.
Intento distraerme, pero la vida pasa demasiado rápido y pierdo el tiempo repensando cosas que disienten de mis valores.
El dolor que entró por los ojos, bajó por la garganta y se depositó en el pecho.
Pesa hoy más que ayer.
Y quizá mañana más que hoy.
El amor parece tan ideal.
Pero estoy sola esta noche.
Y me digo a mí misma que estoy enamorada, pero no hay nadie tan ideal en una mente tan irracional.
Esperé mucho y me fui demasiado temprano.
Quizá mi cuerpo podía esperar unos meses más.
Sé que no.
Sé que miento.
Sé que miento demasiado.
Y que mi alma no soporta más incertidumbres.
No hay seguridad en no saber si esta noche seré recibida con cariño cuando llegue a donde vivo.
No hay casas porque no hay hogares.
No soy de nadie.
No soy de ningún lado.
Ni siquiera soy mía.
¿Cómo no puedo ser mía?
Decime algo dulce antes de que muera entre la amargura de tanto desamor.
Mi alma resiente saber tanto de otras vidas.
Mi cuerpo rechaza buscar respuestas que ya conoce antes de preguntar.
Nadie.
Ninguno.
Nunca.
Y lo he intentado todo.
Pero es difícil ser cuerda o sensata a las cuatro y veinte cuando todos duermen.
O todos pecan.
Y yo solo espero.
Espero.
Espero.
Y siempre llego tarde.
Y si dices que vienes a las 4, a las tres mi corazón se vestirá de devoción.
Pero no llegas.
Y no existes.
O existes y eliges rosas.
Jazmines.
Yo soy más de las margaritas.
Que elijo que vivan en mi rostro.
Un alma violeta con tintes verdes dijo que si amar es dejar ir y desear lo mejor, desearía,
anhelo
y espero
que me ames menos.
Decís que me querés viva.
Decís que me querés, pero es raro.
Decís tantas cosas y a la vez tan pocas.
O no las suficientes.
Porque yo espero y espero.
Y mi mente me envenena porque tu corazón está lleno de dudas.
Entonces escribo y espero.
Y al mismo tiempo desespero esperando ser leída.
Y sé que al final el amor no alcanza.
A veces el amor no alcanza.
Porque no cura nada.
El amor nunca va a sanar a un alma tan impura como la mía.
El amor no va a purificar lo lascivo de mi geografía.
Nada.
Nunca.
Será suficiente.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecito
cordero indefenso
toda esta ira alguna vez fue amor, y toda mi devoción se vuelve violenta.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión