Amor y Ruina
Nos amamos con la fuerza de un incendio, con la furia de una tormenta desatada. Éramos dos almas hambrientas, devorándonos a besos, a gritos, a silencios que dolían más que las palabras. Pero en nuestra manera de amar había veneno, porque nunca aprendimos a hacerlo sin destruirnos en el proceso.
Vos y yo nos heríamos sin querer, con palabras afiladas, con ausencias que pesaban como piedras en el pecho. Nos buscábamos con desesperación, solo para perdernos en la misma tormenta que nosotros mismos creábamos. ¿Cómo podía doler tanto algo que se suponía hermoso?
Pero entonces, en medio de la ruina, en medio de las cenizas de lo que habíamos roto, nos miramos a los ojos y entendimos que aún quedaba algo por salvar. Que el amor no era solo pasión desbordada, sino también paciencia, ternura, comprensión.
Intentamos reconstruirnos, ladrillo a ladrillo, palabra a palabra. Pero la herida aún sangraba, y el miedo de volver a caer en lo mismo nos acechaba a cada paso. No era fácil. Nunca lo sería.
Aun así, seguimos aquí, luchando contra el peso de nuestros errores, sosteniéndonos en la tormenta. Porque a pesar de todo, seguimos eligiéndonos. Y tal vez eso, al final, sea suficiente.
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