mobile isologo
buscar...

Amor Porteño

misho

Feb 2, 2026

150
Amor Porteño
Empieza a escribir gratis en quaderno

Siendo las tres de la tarde, las nubes se escabulleron a dormir siesta tras las cadenas montañosas. Fue entonces cuando él, protagonista de veraniegos recuerdos, se hizo presente sobre nuestras cabezas. El astro pavoneaba su poderoso alcance, calentando cada uno de los adoquines de Cerro Alegre.

Tenías calor, aunque nunca me lo expresaste. Solo te dabas vuelta y me pedías que sostuviera tu totebag para así sacarte el buzo del Colo. Luego de esas pausas breves, continuábamos la expedición por las empinadas calles de la ciudad puerto, siempre tras tu falda . Detrás tuyo, me entretenía observando el amistoso intercambio entre los rayos UV y el sol de tu espalda, como si este último cobrara vida luego de recibirlos.

Llegando al fin del pasaje, nos incorporamos en una de las calles principales del lugar, donde me dejé llevar por la diversidad de colores que lucían las casas, tiendas y bares. Como era de esperarse, tus ojos cayeron presos de uno en particular: el rojo. De pronto, dejaste atrás nuestra ruta sin explicación, para dirigirte bajo unos viejos toldos en los que se leía: “Amor Porteño”. Sin detener tu marcha, me miraste y, con una sonrisa, me explicaste: “Acá tienen helado de canela, sí o sí”.

Triste sorpresa cuando el joven que atendía el local extinguió tu deseo: “No tenemos ese gusto”. No alcanzaste a expresar ni un ápice de desilusión cuando él, hábil vendedor, nos ofreció probar cualquiera de los sabores que se exponían tras el cristal. Mi indecisión podría habernos tenido allí por horas, inspeccionando cada textura, tonalidad y recomendación hasta poder verbalizar una elección. Sin embargo, tomaste la batuta: “Ese que dice Amor Porteño”. Como era de esperarse, elegiste la única opción cuyo sabor era un misterio por la vaguedad descriptiva de su nombre. Bella forma de asegurarme de que este viaje era real; o que, si era parte de una pieza onírica, mi cerebro retenía los suficientes detalles de tu personalidad como para reproducirte íntegramente.

Mientras divagaba entre esas posibilidades, me perdí la historia y descripción acerca del helado. Conservo algunos breves pasajes, como “solo se vende en nuestra tienda” o “tiene frambuesa”, pero nada más. Lo probaste primero y asentiste en señal de aprobación. Podría mentir y decir que pedí el mismo sabor por ser único de aquel local. En realidad, solo buscaba sembrar experiencias compartidas en mi memoria, y Valparaíso es tierra fértil para los recuerdos. De esta manera, en las noches en que mi cuerpo pida tu presencia a gritos, tendré un jardín floreciendo tras mis retinas. No creo que sea casualidad que este año celebres tu cumpleaños en simultáneo al inicio de la primavera catalana.

Dejamos atrás la heladería, con la calma y el silencio de dos niños cuyo capricho acaba de ser calmado. Tomabas tu helado con total naturalidad, esquivando a los turistas que descendían en sentido contrario. Yo, con los nervios de no causar un desastre en mi ropa, en mi cara o en mis manos, aprovechaba tu paso firme para esconderme unos centímetros detrás de tu campo de visión. Fue así como no lograste ver mis dedos manchados de rosa o los pedazos de helado derretido que caían a la vereda desde mi cono.

En una esquina decidiste frenar para consultar el mapa. Vos, la capitana que no se equivocaba en cuanto a las direcciones o que lo disimulabas al punto en que ni siquiera lo noté. Yo, el tripulante que te seguía sin cuestionar ni sugerir. Al encontrar el camino y planear nuestro próximo avance, me miraste con esos ojos que brillan en busca de cariño. Te acercaste a mí y, sin mediar palabra ni gesto alguno, entendí tu petición.

—Debo estar todo manchado —advertí.

—No me importa —rebatiste.

Acto seguido, posaste tus fríos labios en los míos. Es curioso que nuestros besos han tenido los más variopintos gustos: merkén y sal, tabaco, cerveza, piscola, chicle de menta, entre otros. Pero esta vez, bajo el sol de Valparaíso, me diste el beso más dulce de nuestra historia juntos. Un beso cuyo endémico e irrepetible sabor queda tatuado. Un beso de Amor Porteño.

misho

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión