Hay algo altruista en tener cobayos.
Yo tengo dos.
Viven con un temblor pequeño, constante.
Son animales de presa; en su instinto siempre hay un ruido ajeno que los acecha.
Lleno su tazón. Intento acercar la mano.
Pero su naturaleza no tiene lugar para entender mi ternura.
Están demasiado ocupados sobreviviendo.
Sin embargo,
hay algo en el hecho de estar con ellos y entenderlos sin esperar que te brinden su cariño de vuelta,
que funciona como un espejo.
Amarlos implica una devoción silenciosa.
Es aceptar esa asimetría,
esa entrega unilateral sin sentir que es algo injusto.
El altruismo de adaptar nuestro acercamiento al miedo ajeno.
Ese cariño incomprendido y torpe.
Un amor asimétrico.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión