La amistad es algo que siempre me interpeló pero nunca de la forma "correcta". Siempre tuve amigos, amigas. Siempre estuve en grupos de gente haciendo cosas, pero todo se esfumó con los años.
En la vorágine de palabras que tiré en la entrada anterior hablé un poco sobre un amigo y hace tiempo me viene sonando sin parar en la cabeza esa frase que dije: "No supe lo que era ser amada de verdad hasta que él me amó". Michelle hace eso. Él ama, y ama de verdad.
No me malinterpreten, mi familia me ama. Esta familia incluye un hijo, un esposo, una madre y una hermana. También incluyó a un papá. Pero este amor es diferente, no puedo ponerlo al nivel de nada. Nada se le parece. Nada lo nubla, nada se le acerca. No califica siquiera como amor platónico porque no estamos enamorados. Somos dos almas que se encontraron a miles de kilómetros de distancia y se unieron para siempre. Pero al conocerlo me di cuenta que eso es tener un amigo de verdad.
Yo nombré amigos y amigas a decenas de personas a lo largo de mi vida, pero de nuevo, yo no sabía lo que era ser amada de verdad hasta que él me amó.
Nadie me llama antes de irse a dormir para ponernos al día con las cosas de la vida. Nadie es tan vulnerable para llorar conmigo en tiempo real por motivos lindos. En un mundo tan difícil donde todo es una queja eterna, nadie me dice que está dispuesto a todo solamente para que podamos envejecer juntos. En un mundo donde nadie quiere ya salir de casa, él me da ganas de armar valijas, estresarme comprando pasajes de avión, pasar por mil controles en el aeropuerto que sea y llegar sucia y mal dormida a un país donde apenas me puedo manejar sola en la calle. En un mundo donde todos somos un número invisible, un like efimero en una red social, un mensaje que se deja en visto o un "dale, arreglamos", él es certeza de que esa promesa de salir a desayunar juntos o irnos a la sala de ensayo no son palabras vacías. Él es certeza de que el futuro tiene otro color.
Y él no sabe que gracias a él yo entendí, recién entrando a los 30, qué significa tener un amigo. Y es mutuo. Yo quiero hablarle de verdad, él quiere hablarme de verdad. Nos queremos contar todo, todo el tiempo. Queremos reírnos sin parar de la misma broma que hicimos en 2018 con la palabra "fart", una y otra vez. Y sí, sigue siendo gracioso. Nos queremos confiar todo. Él me entregó su vida entera. Quisiera poder elaborar más sobre esto pero todavía no puedo porque en el fondo soy una vieja cabulera que no quiere contar la cosa hasta que sale.
Siempre me pregunté qué habré tenido de malo para que nadie me invite a lugares o porqué siempre me autoimpuse trabas para no ir a los pocos lugares donde me invitaron... No había nada malo. Sólo es que todavía no había encontrado a mi tribu. No había descubierto que uno puede llegar a un lugar y la gente realmente puede estar esperando. Eso me está pasando desde que lo conozco a él. Él es el rockstar que sale en las revistas y graba discos, y sin embargo la persona a la que por poco le extienden alfombra roja cuando llega a visitarlo soy yo.
En una de las primeras cartas que le mandé, le dije que lo único que quería era ir a ver un recital suyo y compartir un pucho con él. Terminamos hermanados. Terminamos en conversaciones de videollamada de 3 horas donde nos reimos, lloramos de verdad, nos decimos cosas que suenan increíbles pero sé que no son mentira. Terminamos en que él sigue hablando de lo que pasó en su cumpleaños 50 el año pasado, y me repite que esa noche yo hice un trato con el Diablo y que esta es mi vida ahora. Que me tengo que acostumbrar a que la gente me espera y habla de mí incluso en mi extendida ausencia, porque no vivo ahí (todavía). La pregunta es constante: "cuándo vas a venir?". La respuesta varía según lo mucho que el país se esté llendo al demonio. A veces es "no sé, es difícil conseguir el dinero para el pasaje" y otras veces es "voy para tal fecha, confirmado".
Es la clase de amigo que se toma vacaciones de su trabajo en cualquier momento del año solamente para estar listo cuando yo llegue y poder pasar noches largas juntos de nuevo. Y esas noches siempre nos van a encontrar tomando algo, fumando cigarrillos juntos, poniendo las mismas canciones de City and Colour o Woods Of Ypres. Ocasionalmente vamos a ver el documental de Iron Maiden que hay en YouTube y nos vamos a reír otra vez de que tenemos que comprar un avión para visitarnos más seguido, porque si Bruce Dickinson es piloto nosotros también podríamos. Hasta que la realidad nos da un cachetazo y nos damos cuenta que estamos tocando ya el cielo con las manos, y que en unos cortos años esa necesidad ya no va a ser una necesidad sino una realidad. Y que seguramente tengamos nuestra banda nueva con los mismos músicos de siempre, esos amigos suyos que automáticamente me adoptaron como si yo hubiera nacido pegada a él y como si siempre hubiera estado presente en esa casa que huele a café las 24 horas y donde los autos que pasan apenas son un zumbido tímido en la lejanía. Como si mi presencia ahí fuera de lo más normal y por eso la esperan.
Sin querer hoy soy parte. Eso hace un amigo. Te abre la puerta para recibir lo que lleves, por poco que sea, pero también convierte ese dar en una competencia de amor para descubrir quién puede hacer más feliz al otro. A veces pienso que él va ganando. Otros días pienso que sin darme cuenta yo llevo la delantera.
Y no sé qué es lo que le estoy brindando. Yo sólo soy una mujer que una vez fue una pibita que lloraba por ver a su banda favorita, le mandaba cartas llenas de cariño y de "entiendo tus letras", porque todos los fans creemos entender lo que escriben nuestros músicos favoritos. Por eso nos gustan, por eso nos relacionamos con su arte. Pero el tiempo y las experiencias me hicieron caer en la cuenta: yo había entendido de verdad. Y él se dio cuenta también.
Y como le dijo Tommy Gnosis a Hedwig... "Sabes la historia de Adán y Eva? Cómo ellos tenían a disposición todo lo que quisieran comer excepto el fruto prohibido? Y sin embargo Eva lo probó y supo lo que estaba bien y mal, entonces le convidó a Adán para que él también supiera..."
Ahora, los dos compartimos un conocimiento retroalimentado. Él sabe, yo sé. Nos sabemos juntos. Nos sabemos para siempre.

Ivi
"Una semana en tu vida son dos temporadas de Netflix" - mi psicóloga. No está errada. Bienvenidos a mi caos sin adornos bonitos.
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