el suave eco de la pérdida envuelve en bruto la perla de melancolía que cuelga bajo mi cuello. un día pasa como río arrastrándo piedras debajo de la corriente, un bullicio crudo, agresivo y natural; se me hizo costumbre perder.
repaso mis errores. cuento el tiempo. me aferro a alegrías viejas. promesas rotas. manos vacías. encuentros fallidos. sueños a medias. sonrisas amargas. todo guardado en un baúl que descansa bajo mi cama tal cual un secreto desolado que jamás se olvida.
mis letras se vuelven unas extrañas para mi. vienen y van, se entintan, escapan y se deslizan fuera de mi mente quejumbrosa. darle sentido y presencia a lo que siento de las ausencias en mi vida parece un reto cuando ellas rehúyen de la pena porque no quieren mancharse de tristeza.
las atrapo en todo menos en papel. el papel las hace reales, no una fantasía que me cree un viernes por la tarde, existen así como el abandono que enmaraña mi alma nostálgica.
pero ya no lloro las pérdidas sino que las convierto en fantasmas que me acompañan.
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