El satisfecho juzga el hambre que no entiende.
Nunca la ha experimentado en carne propia.
Y es muy posible que nunca lo haga.
Los amados y elegidos juzgan a quien no conoce ese privilegio.
Los genoportantes juzgan los rostros y cuerpos no hegemónicos.
Los nomenclados juzgan cualquier interés o actividad que se salga de la norma.
Los desapegados juzgan un anhelo que no podrían sentir jamás.
Y les repugna esta amalgama de cicatrices, costuras, heridas y espinas que escribe, habla y camina.
¿Por qué no entonces, darles el monstruo que quieren ver?
¿Por qué no satisfacer su glotonería?
No pude elegir las circunstancias que me conjuraron a la vida.
Jamás podré ser el río más claro, la nube más blanca,
La estrella más brillante, el árbol más derecho o la rosa más divina.
Pero puedo elegir ser de todas, la más filosa espina.
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