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Alumbramiento

Aug 24, 2024

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Alumbramiento
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Primero fue un pequeño brote, uno que ni siquiera pudo distinguir que había germinado ahí adentro.

Con el pasar del tiempo fue la brisa interna, con ese aroma a nacimiento de la mano del presentimiento de que algo se avecinaba.

Sintió un temor fundado: no sabía qué iba a tocar en esta oportunidad. Había pasado mucho tiempo desde la última vez, y la excitación fue casi como la de la primera.

Como en cada ocasión, se esmeró en proteger ese brotecito, ese olor, esa posibilidad. Se aisló, así podría controlar mejor todas las variables ante cualquier imprevisto. En general lo había manejado sin consecuencias, pero eso no eliminaba ese porcentaje de que todo se convirtiera en un infierno.

Se miró al espejo. Todavía no había señales obvias de este nuevo ser. Iba lentamente desarrollándose, día tras día, creando cada vez más expectativas en ella.

¿Tendría que erradicarlo o podría conservarlo? ¿Sería externo o la transformaría? ¿Qué pensarían los demás de esta nueva existencia?

Pasaron las semanas, y cada mañana se tomaba el tiempo de examinarse por completo cada parte de su cuerpo: el rostro, el cabello, las manos, los muslos, el abdomen, la cintura. Hasta que creyó notar algo.

Ahí en la esquina de su ojo derecho. Ya no había blancura ni las usuales líneas rojas que le surcaban. Había una línea, cual enredadera, de un color verde intenso mezclado con algunos destellos dorados. Nunca había experimentado una señal de este tipo, y solo con esa información no podía clasificar qué tipo de ser crecía en su interior. Sin embargo, eligió dar un pequeño gritito de júbilo,optando pensar que algo bueno se acercaba. 

Llamó a su par y le permitió visitarla. Habían sido semanas de voluntad estoica, necesitaba compartir con alguien sus cavilaciones, sus deseos y sus miedos.

No tardó en llegar. Se tomaron las manos, transmitiendo así todo lo que habían vivenciado al estar en separación. Ella estaba ansiosa por ver su reacción, su sonrisa después de tanto tiempo. Pero no pudo estar más equivocada en su anhelo. Era en extremo evidente la preocupación en sus expresiones, casi cercanas al horror. Su par quiso ocultarlo pero fracasó vehemente en su intento.

- No va a quedar nada - dictaminó por primera vez en voz alta. No podía precisar la última vez que había escuchado ese sonido, su vibración profunda y ronca del poco uso. La estremeció por todo lo que implicaba, aunque realmente en ese momento no lo supiera, no pudiera concebir la magnitud de la consecuencia de permitir que se siguiera desarrollando ese ser en su interior.

- No lo voy a extirpar - tomó la decisión sin siquiera ser consciente al cien por ciento de lo que decía. ¿Era producto de su propia voluntad o el ser ya había crecido a un ritmo que ella no había notado? Pudo notar como los ojos de su par se llenaban de lágrimas y fue lo última interacción que compartieron.

Al día siguiente, lo que parecía una vena verdosa en su ojo derecho se había convertido en una hoja. Ya no tuvo dudas, un ser fotosintético estaba por florecer de ella. Sería la primera vez desde su período fértil que esto le acontecía, más no podía comprender el temor reflejado ayer en su par. La mayoría sobrevivía a esa clase de reproducción e incluso podía conservarlo. Ser un canal de creación era tan hermoso y misterioso al mismo tiempo.

Otro amanecer, otra hojita. Iba escalando, y ahora también crecía del lado izquierdo. ¿Faltaba mucho para el alumbramiento? ¿Cuánto más necesitaba para empezar a volverse un ser externo? Porque sea de la tipología que sea, siempre eran independientes del canal de creación, a diferencia de los animales que terminaban convirtiéndose en un apéndice hasta la adultez. Realmente solo tenía sentido preocuparse si la habitase una venenosa, lo cual era rápidamente remediable, se dijo a sí misma, tratando de calmar la taquicardia que se incrementaba con el paso del tiempo.

Esa noche tuvo pesadillas. La febrícula se apoderó de ella. En sus sueños sentía como sus venas y arterias poco a poco se iban engrosando, causándole un gran dolor. Y que en vez de correr su sangre, la savia llevaba a sus extremidades los nutrientes necesarios para que de sus dedos crecieran frondosas hojas de un verde intenso y den paso a los tallos que sostendrían los futuros pimpollos. 

Se enfadó consigo misma por dejarse sugestionar por creencias ajenas y arruinarse una noche de descanso, más entrando en el período crítico previo al nacimiento. Eligió sin embargo levantarse y no tratar inútilmente de conciliar el sueño, por lo que procedió al chequeo de rutina.

Le costó enfocar la vista, pero le atribuyó a la falta de descanso y a la agitación. Se encaminó como pudo frente al espejo de cuerpo completo e inició la inspección.

Dio un grito y se alejó de su reflejo trastabillando. No eran pesadillas. No se volvería un ser externo. Ella y la cosa serían uno. Su iris se había convertido en una especie de girasol y la pupila era del doble de su tamaño habitual. Cayó sobre la cama, chocando con la punta y fue cuando notó que sus piernas ya no tenían la coloración habitual. Ya no era humana, estaba completamente verdosa y amarillenta, latiendo. El corazón le latía a un ritmo atípico: llegó el alumbramiento. Ya no podía negar al ser sin rechazarse a sí misma.

Tirada en la cama, tratando de asimilar toda la verdad de su inminente destino, no dejó de seguir el protocolo y llamó a los canales de creación inactivos para que atendieran al ser y a ella, si es que algo de su esencia llegase a sobrevivir.

- Que mi nuevo desarrollo sea en tu interior- se despidió de su par, mientras la piel de su garganta estallaba en brotes de girasoles que florecieron al instante, girándose en busca del sol.

AstroWoman

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