Mi alma sabe palpar la tuya.
Ella me lo ha contado.
No había nadie que la instruya,
pero son tus ojos un milagro
que le ha servido de guía,
que ha tomado sus manos
y ha dejado entre caricias
un beso suave en ellas,
que ha visto cómo centellea
y han sido arropados por su calidez.
Ha estudiado
cada milímetro de la tuya,
asegurándose de conocer
cada suspiro,
cada pensamiento,
cada imperfección,
cada sentimiento.
Ha buscado tus errores
para amarlos,
ha luchado contra el miedo,
ha pensado que era incierto,
que era divino,
y le has demostrado
que todo lo sucedido
nunca fue un sueño,
sino que fue lo vivido.
Le tomó años a mi alma
encontrar a la tuya.
Dejó huellas permanentes en la arena
mientras buscaba ayuda,
rezó mil veces
y fue escuchada sólo una.
Le tomó mil lágrimas
ver tu sonrisa,
le quitó la noche al día,
le robó a la luna la belleza
y de una sola pieza
la encontraste.
Le dio su juventud
a esa misma luna,
hizo promesas,
juramentos,
y todo para encontraros de nuevo.
Le dijo al cielo que tomaría
las estrellas por un momento,
lo desvistió,
lo dejó sin aliento,
tan sólo para quitarle
a tus labios un beso.
Lo sé,
a veces me pierdo,
porque ella vive en mí,
porque es mi cimiento,
porque observa en silencio.
Yo te hablo por ella,
y aunque sé que puedes verla
me gusta ser el portavoz
de su presencia eterna.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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