Alejandra, otra vez estuve sola.
Pero no me sentí sola.
¿Tomarás este asiento frente al mío?
Vení, sentate.
Tomate este café tibio mientras yo te explico.
Te digo que estoy sola pero no estoy sola.
Hoy no lo estoy. Mañana seguramente sí.
Pero es hoy.
Hoy caminé sola, estuve sola, sola,
como cada día,
pero tu amigo, Cortázar,
me salvó.
Me dediqué a leerlo,
a comprenderlo, a verlo.
Su carta llegó a tiempo
para frenar esta habitual soledad.
Decime,
a todas sus preguntas y anécdotas,
¿por qué monosílabos y oraciones le escribías?
Estoy divagando, perdoname.
Alejandra, escuchame.
¿Cómo hiciste para referirte a nosotras?
¿Alguna vez tuviste en cuenta que serías recordada más allá de tus cercanos?
De esos rostros conocidos
que a tu memoria hablaron,
recitaron, mostraron tu esencia...
¿Cuál es tu esencia?
Nostálgica, llena, vacía,
repleta de remembranzas
rotas y vivas.
Alejandra,
ya contestaste estas preguntas,
perdoname que no pueda leerte,
no puedo.
Verás ya que los libros,
los tuyos,
no tienen el mismo valor de antes.
¡No te asustes!
Es mucho mayor. Muchísimo.
No puedo estar a la par, no por ahora.
Alejandra, nos mudaron.
Perdoname que te moleste tanto.
¿Fue buena idea venir hasta acá?
Siempre lo es, pero temo una vez que no.
No, no temas, tampoco yo.
Cambiemos, hablemos.
Te has tomado el café completo, casi tibio,
¿estuvo bueno?
Sabor a quemado, a apresurado...
Antes estábamos solas.
Hay una gente que murmura y abraza,
¿te sentís sola aún?
Yo sí.
Todas las mesas están compartidas,
de a dos, de a cuatro, de a seis,
Esta mesa, ni mía, de a uno.
Alejandra, no te levantes,
acompañame
a escuchar el bandoleón
¿Era así cuando venías acá?
Cuando venías a sentarte, a escribir y tomar,
¿estabas rodeada?
¿Escuchabas a los otros?
¿Veías afuera?
¿A quién tenías al frente?
Se está llenando, ¿qué obra presentarán?
Bandoleón, clarinete, piano, violín y voz.
¿Tus poemas podrían ser cantos?
Si así fuera, yo cantaría.
cantaría aún con mi mala voz,
cantaría aún con el quiebre de una fiebre,
cantaría aún con suspiros y ausencias.
Como verás, quise ser músico,
como tu amigo.
No se me dio, ni se me dará,
y por ello me refugio en ti,
en tu prosa y en tu voz,
en el lápiz y en la hoja.
¡Ay Alejandra! No te vayas
Todavía falta, un poquito.
Sos mi única compañera,
no me dejés.
En esta locura en la que empiezo a caer,
ya no sé ni lo que digo,
ni lo que pienso,
ni lo que vivo.
Alejandra, perdoname por aferrarme.
Ya la soledad empieza a abrazarme
(de a dos, de a cuatro, de a seis)
y yo aquí imaginándote.
¿Cuándo llegarás, Alejandra?
¿Cuándo vendrá mi Alejandra?
Parece que la tinta se acaba pronto,
y te marcharás a tu huequito de añoranza
¿Con quién me dejarás?
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