Alejandra, sé que a mí me escucharás antes que a tu libertad. Aunque intentes morir cada vez que los astros habiten el universo, quiero decirte que todavía no probaste el arma más fatal: la risa. Una risa que sea la matriz de todos los tornados. Una risa que maltrate todos los silencios. Una risa que vuelve a nacer cada vez que te dejas morir.
El día que la pruebes no habrá somnífero que duerma tu alma. Y las noches serán solo eso: noches y nada más. No habrán sombras ni muerte, cada despertar te hará renunciar a la perpetuidad de la tragedia. La soledad se desvanecerá en el eco de tu risa que se encontrará con la mía.
Y todos tus demonios te exorcizarán y reirán también, cuando no logren que camines directo al precipicio. Tu abismo solo te dará alas, y serás el pájaro que ríe en pleno vuelo.
Apretarás el gatillo de la risa y saldrán disparos de carcajadas. Y todas las Alejandras reirán y ya no habrá soledad, Alejandra.

bernarda
habito entre páginas y nubes, siempre con mi cuaderno en la mano, donde aterriza mi cielo antes de volver a volar.
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