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Al niño que fui

Jul 17, 2024

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Al niño que fui
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Durante muchas noches no podía dormir, y si lo hacía, era abrazado a ellos. La noche caía y las ganas de que volviera a salir el sol eran inmensas.

Por el día se aventuraban en largas caminatas al sol, en busca de algún tesoro perdido entre los escombros de lo que solía ser una pared y por las noches compartían en serenidad la calidez de una sábana que los cubría.

Aquellos soldados y un Max Steel a la cabeza, como una suerte de líder, combatían con dinosaurios y volaban sobre ríos de lava hasta que la luna comenzaba a asomarse. La mañana llegaba con todos los heridos sin ningún rasguño, con nuevas estrategias de combate y nuevas aventuras.

A veces, había perdidas muy grandes, los soldados caían uno a uno y todo recaía así, sobre ese comandante que tenía fuerza sobrehumana. Aunque siempre terminaba igual, los buenos nunca perdían.

Eran días de mil aventuras, trepar montañas, cruzar ríos, caminatas interminables por la selva, volar sobre lava y salvar el día, como no podía ser de otra manera.

Con mis amigos nos juntamos a ver quién tenía el mejor regalo, a veces me tocaba ser mirado, y otras tantas, mirar. Incluso, era difícil tener que ver a mis amigos con regalos mucho mejores que los míos, pero tampoco sabía cuanto era el precio que se pagaba ni cuánto había que trabajar por ello.

Algo que jamás paso de moda fueron las pelotas de fútbol, de todos los colores y tamaños, las cuales, incontables veces, tuvieron que reponer debido a que no me duraban lo suficiente, incluso llegué a tener una que solo duró un día, creo que se imaginan cuál fue la cara de mamá y papá al momento de decirles.

La sensación de tener una en los pies y soñar con algún día llegar a ser un jugador profesional me motivaban a levantarme cada vez que me caía jugando en la canchita del barrio con amigos.

A pesar de todo, no puedo quejarme, tuve una infancia completa, con amigos y juguetes por demás, tuve grandes aventuras y otras no tan agradables, como cuando le ganamos a nuestros eternos rivales del barrio y nos corrieron con piedras.

Aún así, se que fui muy afortunado, viví en la época dónde los barcos y los aviones de papel eran la sensación, no dudaba en pedirle a mamá que me hiciera muchos barcos y aviones para emprender nuevas aventuras en alguna pileta de casa.

Podía pasar horas imaginando que aquellos barcos navegaban por aguas peligrosas, afrontando todo tipo de criaturas y piratas que estaban dispuestos a hundir cada uno de ellos.

Luego, de grande, esos sueños se esfumaron, junto con los amigos que me acompañaban cada tarde a jugar, a correr y a trepar árboles. El tiempo pasó y nunca lo vimos venir.

Las cosas cambiaron cuando cada uno de mis amigos decidió tomar un camino diferente y al ir creciendo las responsabilidades hicieron el resto.

Mis juguetes se empezaron a perder, ya no había soldados y ese Max Steel que solía gustarme tanto se habían ido, no sé cuando ni dónde, quizás se fueron ofendidos porque ya no jugábamos como antes, O tal vez encontraron nuevas rutas con aventuras extraordinarias que jamás llegué a conocer.

Aún hay tardes dónde ese niño que solía ser vuelve, se pierde entre pensamientos y recuerdos al ver la caja con las pocas cosas que logre guardar de aquellas épocas, libros, muñecos, consolas y recuerdos de viajes.

Entonces vuelvo a sonreír junto con aquel niño, como el solía hacerlo, con historias que no sabía que estaban ahí y para recordarme que aunque no teníamos mucho, éramos felices, libres y creativos.

Manu Barreto

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