Al final
uno se queda solo,
sin más ruido que el propio pensamiento,
sin más voz que la que suena en su interior,
como un eco cansado
de repetir lo mismo.
Al final
no hay más que la sombra en la pared,
la silla vacía,
las manos quietas sobre la mesa.
Y el frío,
ese frío que no es del cuerpo,
sino de algo más hondo.
Al final
uno aprende a mirarse,
a decirse las cosas que nunca se dijo,
a reconocerse en la herida abierta
y en el vacío tibio
que dejó la costumbre de otros cuerpos.
Y al final
uno se acepta,
aunque duela,
aunque no quede nadie para aplaudir
lo que logras.

Matias Q
Escritor(a) 🖋️ Viviendo de nuevo | Narrador de emociones 📖 Trabajando en mi primer libro... Notas de un Presente 📍Buenos aires 🌟Seguime si te gusta la poesía.
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