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Al día siguiente

Melina

Feb 6, 2026

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Al día siguiente
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Ya es el día siguiente a que Sol ya no esté. La mañana fue lo más difícil. Miro mi pieza, el baño, el comedor, el frente, el fondo y solo puedo notar su ausencia. Se siente raro el entrar a la pieza y no verla descansando.

Hoy fui a caminar para despejar mi mente, para ponerle un orden a todo lo que siento. ¿Cómo es posible que voy a tener que aprender a vivir con el dolor de su ausencia? Para ella 13 años fue una vida entera, pero para mí 13 años fueron muy poco. Aun así, no me arrepiento ni un momento de todo lo que compartí con ella, las risas, llantos, alegrías y penas.

A pesar de que ayer fue un hermoso día soleado, hoy el cielo está pintado de blanco y sin un rayito de Sol.

La amo tanto. No puedo creerlo todavía. No quiero creerlo todavía. Voy a vivir el resto de mis días sin su presencia, sin el sonido de sus patitas al caminar, sin sus ladridos o gruñidos, sin ese sonido molesto que hacía cuando se chupaba las patas ni bien yo intentaba dormir. Todo eso se me fue. Solo van a quedar como recuerdos.

Ayer escribía desde el shock, sin saber que decir, sentía tanto que mi mente estaba en blanco. Hoy escribo desde un inmenso dolor. Porque ayer me acosté a dormir sin ella, pero hoy me desperté sin ella también y mis días van a ser así por siempre. Y me arrepiento de muchas cosas, de muchos regaños dados, de las veces que no le tuve paciencia y sobre todo de las promesas que no llegue a cumplir; pero también me alegro de mucho, de todos los besos, abrazos y caricias dadas, de todos los te amos, de todas las caminatas, de todos los viajes a la peluquería y a la veterinaria, de todas las veces que le di comida a escondidas, de todas las veces que la subí a mi cama para que durmiéramos juntas, de todas las veces que la buscaba para que me consolara, de todas las veces que compraba cosas pensando en ella, de las veces en las que volvía a casa sabiendo que ella me iba a estar esperando. Hay cosas de las que me arrepiento, pero son pocas en comparación a las cosas de las cuales me enorgullezco.

Era yo. Era ella. Éramos ellas y yo. Era yo la primera en verla todas las mañanas y a quien ella miraba por la mañana.

¿Cómo voy a seguir? ¿Cómo hago? No entiendo. Ninguna foto, ningún video, ningún recuerdo va a igualar la sensación de tenerla a mi lado, de estar sentada en la computadora haciendo cosas y estirar mi mano para acariciar sus orejitas y cabecita, sonriendo de felicidad al ver como cerraba sus ojitos disfrutando de las caricias. Se fue.

Melina

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