En un cuarto, estábamos los dos abrazados, sin soltarnos ni un solo minuto, lejos de todos los problemas que nos rodeaban. Susurrábamos para que nadie nos oyera; nuestros labios se encontraban mientras, en silencio, nuestras almas parecían enamorarse.
Tus manos recorrían lentamente mis caderas, esas que tú habías apodado con cariño “figura de reloj de arena”. Tus ojitos se cerraban poco a poco, vencidos por la noche que caía sobre nosotros, y en un instante de calma absoluta escuché, suave y constante, tu respiración.
No quería que aquel momento terminara, porque ambos sabíamos que, al salir de allí, todo acabaría. Que jamás volveríamos a estar así, que esa paz tan nuestra se desvanecería, dejándonos solo con el eco de lo que fuimos en aquel instante suspendido en el tiempo.
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PIRULITO
Escribo lo que siento, con la esperanza de que, en alguna de mis palabras, alguien encuentre el reflejo de su propia historia y no se sienta tan solo ✨
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