Caigo en sueños profundos dónde el niño me abre la puerta para que conozca ese lugar en el que juega, dice que debo prever el movimiento de mi oponente, yo solo veo patrones que se repiten; burbujas, panales, peón, peón y peón.
Entre el aire y la tierra todas las lenguas son una, igual no entiendo su lenguaje. No me sorprende que proteja o ataque al rey.
Mi niño no es de este mundo, pero en el suyo ya anda saltando, yo en cambio, hace veinte años intento aprender a caminar con el agua hasta la nariz.
Morir ahogado, eso sí es una desgracia, pienso.
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