Solía ser leal al dios en el que tanto creía.
Mis pecados estaban justificados porque los
hacía bajo su mano.
Sus órdenes las veía como deber.
Su poder cegó mis ojos, haciéndome
creer que solo así podría tener valor.
Solía creer que estaba cargado de sabiduría.
Podía sentir la sangre gotear de mis dedos.
Mi corazón quería hacer uso de la razón,
pero mi mente le gritaba avariciosa.
Creí que mi dios debía ser mi mayor religión.
Cuando vi tus ojos, cada pensamiento
correcto se desvaneció.
Solía creer que era un ángel por estar en
el cielo, pero luego noté que las alas
no me hacían superior.
Tu bondad, tu manera de ver lo bueno,
tu entusiasmo.
Todo eso me cautivó.
Tus ojos cargaban una nobleza que jamás
había tenido el placer de conocer.
Creía que mi dios sería mi verdad absoluta
por el resto de mi vida.
Hasta que conocí otra religión en el marrón
de tus ojos.
Ahora mi desobediencia provocó la pérdida
de mis alas.
Pero gané tu corazón en el trayecto del
camino correcto.
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