ahora mi sangre es tuya,
y el hilo que la recorre,
es tu sombra extendida,
la huella de tus labios
en la piel de la noche.
tus dedos, tan suaves como la luna
que se enreda en mi cuello,
dibujan secretos que no quiero entender,
y sin embargo,
ya no puedo escapar.
me has marcado sin prisa,
como la mordedura del tiempo
en un sueño profundo,
y en cada latido
te conviertes en la raíz
que se extiende por mis venas.
en tus ojos veo las estrellas
que me hacen arder sin fuego,
en tu silencio,
la caricia de lo eterno
que me consume sin consumir.
mi sangre ya no es mía,
es la corriente que te llama,
el susurro de tu nombre
que me atraviesa,
y cada pulsación es tuya,
como un eco,
una vida compartida
en la penumbra.
y ahora, ya no soy más que
la sombra de tu necesidad,
y el deseo se disuelve
en el abrazo que no duele,
pero que nunca se apaga.
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