Creo que ahogarme en un mar
de lágrimas no le daría a mi alma
el sufrimiento eterno
que el recuerdo le regala.
Porque con cada beso perdido,
de cada minuto del día que pasa,
me hundo en un vaso de alcohol
que me envuelve.
El olvido borra rostros que creía memorizar a la perfección,
hasta que me tocó ver cómo cada facción que adoraba,
desaparece de forma lenta
y tortuosa.
Mi pecho cerró sus puertas
hace tiempo,
porque las palabras no curaron
lo que las acciones hicieron.
Tus manos dejaron marcas
en mi torso que no se borran,
no sanan. Solo queman.
Todo a mi alrededor arde en una
llama que me cuesta apagar.
Creo en el olvido porque es
lo que mi alma me otorgó
para soltar un rostro como el tuyo,
tan frío que a mis manos
helaba hasta romper el tejido de la piel.
Llegabas más rápido a la sangre de lo que quería y ahora no me queda nada.
Decir que te odio sería un sentimiento grato con todo lo que hice para recibir una mísera partícula de tu amor.
¿Cuánto cariño hay en alguien que jamás siente realmente?
Qué fácil sería despreciarte y
qué humillante se volvería,
haberte amado desde un principio.
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