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Revoloteaban bajo el limonero sus pestañas negras y el sol abrasador de la siesta fusilaba el follaje, dejando el baño de luz dorada erupcionar sobre su piel morena, lo que provocaba cosquillas en su rostro.

Nos deslizamos por la llana tarde como por un tobogán, presos y adictos del mismo vértigo de no saber qué esperar en el otro lado.

La noche concede y en el remanso de sus labios puedo sentir el sabor de frutos veraniegos que pintan con delicadeza un bálsamo reparador en mis llagas de aridéz, fertilizando todo a su paso y colmando de la flora más exquisita mis adentros.

Rebosa mi corazón de sabor al saberla mía y marchita todos mis septiembres el agrio gusto de la realidad. Agridulce es amarla.

¡Cuánto habré yo peregrinado por morder su carne y llenarme los dientes de azúcar, deleitarme con la miel que se desliza por la comisura de sus labios!

Escalaré su espalda y, al alcanzar la cumbre, sentiré entonces su fresca voz en el rostro y nos tejeremos en una enredadera para escaparnos del Edén con las mejillas embadurnadas de tinta escarlata y el novilunio dilatado en nuestra mirada, declarándonos así culpables del gozo almibarado que nos hará merecedores del castigo eterno.


₊ ˚ ⊹ ✮ ⋆ ₊˚ ⊹ ☆ ˚ 。 juliana

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