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Agradecido.

Dolbach

Jan 21, 2025

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Agradecido.
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Amor y Poder.

Quien tiene amor no necesita tener Poder.

El Poder es necesario para la maldad. Sin Poder (grande o pequeño), no se puede hacer el mal.

Por el contrario, amar es suficiente en sí mismo. No necesita más.

-Oye tú: Hitler amaba a su perro.

-Bueno, sí, pero yo hablo del Amor grande, del Amor a amar.

Todo dictador, es claro, ama su propia y egoísta libertad. Nadie hay más libre que un dictador que consiga triunfar. Pero eso no es amor, es egoísmo del malo. Como los celos. Como el empeño en acumular dinero. Como querer siempre más.

El Amor grande, no es amor por ganar.

Es Amor, sin más.

Sigo siendo el mendigo.

Aquel cantaba su elevada condición, agradeciendo a las piedras del camino, otros se sienten piedras pateadas por las botas del destino.

Fracasar o triunfar no es nada. Ambas cimas, ambos abismos son una falsedad impuesta por la sociedad.

El triunfador se levanta cada mañana y en el espejo mira al tipo que tiene las mismas miserias que arrastra aquel otro que ni espejo tiene.

Se triunfa en algo y se fracasa en mucho.

Hay quien supo acumular dinero como para vivir sin hacer más durante diez vidas. Para ganar ese dinero, malbarató la única vida que tuvo. Es un triunfo que lleva consigo el fracaso.

Hay quien no come siempre que quiere, porque no tiene los medios, no puede, pero sabe cantar como cantarían los ángeles si hubiera tal. Es un fracaso triunfante.

Todos tenemos virtudes triunfadoras y defectos fracasantes (Dolbach Penitenciágite, inventor de palabras).

A todos, por muy alto o muy bajo que volemos, nos pica una axila, nos huele la mierda, nos sale caspa, nos busca la muerte.

Y para todos sale el sol.

...

Tan a gusto.

No solo no me asusta ni molesta ni deprime ni aburre la soledad, sino que, además, me sienta bien, me agrada, me complace, me da vida.

Sea que cada vez sirvo menos para lo social, sea que con la edad me hago algo así como un eremita sin fe, un farero sin antorcha, un estepario cavernario o que simplemente, como cualquiera, estoy mejor solo que mal acompañado, el caso es el que es, y no echo de menos salvo a quien nunca eché de más.

Muy pocos son los llamados y que llaman, y menos los atendidos.

Así me explico, para entenderme.

...

De nuevo, gracias.

Queridas cinco, ocho o diez personas que a este manantial de palabras acuden de vez en cuando; hoy quiero dedicar un instante a agradecer el empeño, el esfuerzo de ese tiempo suyo que me regalan.

Si yo tuviera constancia de que a ningún ser le interesa mi escritura, dejaría de publicar y escribiría para mi propio nadie.

Eso, en realidad, no sería notable, pues es insignificante lo que aporto al mundo, pero haría alguna mella en mi talante.

Así que, muchas gracias, cinco, ocho o diez personas, por ayudarme.

Sienta bien, ser agradecido.

Para vos, este enrevesado texto. Leer con cuidado:

Quien hace un cesto.

En un tiempo hace ya mucha antigüedad, los Tíficos, en número de cien, se unieron en la intención de construir una sociedad justa, libre, respetuosa, amable... feliz.

¡Qué empeño tan pueril! dijeron los Os, otros cien que habitaban por aquellas tierras.

Al fin, los To, que eran diez veces diez, decidieron que en Aga, jamás reinaría Cia, y, se sucedieron los siglos... día a día.

Dolbach

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