Agosto me llega como el humo después del incendio.
Todavía huele a ti,
aunque ya no estés.
Anoche soñé contigo,
pero fue como poner “Dreams” de Fleetwood Mac a todo volumen
y no escuchar más que estática.
Nada más que un eco:
“Don’t stop thinking about tomorrow”
—y sin embargo, tú sí lo hiciste.
No sé en qué parte exacta del calendario
dejaste de buscarme con las manos
y empezaste a irte con los ojos.
Todo era tan simple antes de agosto:
la risa,
la piel,
las promesas que no sabían mentir.
“Time after time,” me decías,
pero el tiempo no nos dio tregua,
nos arrastró como a dos amantes en guerra.
Y ahora camino con el pecho abierto,
como si el viento pudiera curarme.
Pero no.
Sólo entra.
Y se queda.
“Total eclipse of the heart.”
Te juro que intenté no escribirte.
Intenté apagar el vinilo.
Pero hay meses que huelen a personas.
Y este…
este mes huele a ti.
A lo que no dijiste.
A lo que no volviste.
A lo que ya no somos.
“Every breath you take,”
sigue doliendo, aunque ya no estés mirando.
Cada noche de este agosto
me repite, como un eco:
“It must have been love, but it’s over now…”
No fue falta de amor.
Fue exceso de miedo.
Fue que el amor no sobrevive en agosto.
No el nuestro.

Aleinad
Soy una escritora en formación, una buscadora de palabras que intentan decir lo que a veces la voz calla. Descubrí en la escritura un refugio.
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