Cuando te conocí idea no tenía de lo mucho que para mí serías, de todo lo que significarías, tan importante como para los apóstoles lo fue el mesías.
Siempre estuve ahí para tí, a pesar de lo mucho que me herías.
Que aunque no lo decía, idea no tenías de lo mucho que te quería. Lamentablemente tus virtudes no fueron lo suficiente para justificar tus actitudes.
Yo solo quería que tú me amaras, pero entre más me acercaba, más me dañabas, pensaba que te importaba, pero tú me demostraste a pulso y espada que mi hipótesis era equivocada, que con mis sentimientos únicamente jugabas.
Por eso he decidido decir adiós, por lo cansado que está mi corazón, cansado de vivir esta ilusión, cansado de tanta decepción.
En otra vida hubiesemos sido felices para siempre, pero en esta solo me tocó perderte, adiós, sabiendo que si llego a verte no lo soportaría mi mente, que al mirarte solo pensaría en correr y abrazarte sin importar lo mucho que en el pasado me dañaste.
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