Ya no hay cholas armando el aguayo
para iniciar un éxodo
siguiendo el curso del Río Chico
Ni hay una negra que escapa
flotando en maderas
que llegan al Río de la Plata.
Tampoco hay gauchos peleando
ni sirios ni alemanes refugiados
en busca de paz de este lado del charco.
Y hasta la democracia volvió
en algún momento.
Si quedan los fantasmas
y quedo yo frente a vos
sin ganas de más guerra
diciéndole adiós a las armas
suplicando en vano la tregua que no viene.
Entonces dame un último beso,
el del estribo,
antes de partir los dos por esa puerta
hacia rumbos separados.
Calmemos nuestra sed
bebiendo de aguas sin dueño
hasta peinar canas
y teñir de rojo vivo las rodillas.
Espero, mi amor,
que antes de gastar las suelas de tanto andar,
te des cuenta que el mundo es redondo
y a la vuelta siempre estamos nosotros.
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