“EL DESPERTAR DE ELÍAS”
Día 1: La comunión del hongo y el barro
Ahí venia el colectivo que esperaba Elías, un chico de 23 años, flaco, alto con cara de nada y un peinado tipo anime, para volver a su casa, y el colectivo no le para, en ese momento Elías se preocupa porque sabe que su pareja Marina, mujer altanera, rubia, de poca paciencia, delgada y tés blanca, se va a poner insoportable por su toxicidad ante él, como si fuera su hijo, o peor su perro.
Llega la casa, Marina estaba apoyada en la puerta de pino mirando a Elías entrar con cara de pocos amigos.
--- ¿Estas son horas de llegar?
--- ¿Vos que crees que lo hago apropósito?
--- No sé, pasa de una vez antes de que me arrepienta.
Elías mientras se bañaba reflexionaba en que hacer de su vida, en la fabrica la cosa venia mal, además notaba cambios en marina, se arreglaba mucho, subía historias a la redes, se reía mucho con el celular y le había puesto contraseña. A la vez se preguntaba como haría para ir a la fiesta a la casa de Nico El mugre, donde sabia que sus amigos le iban a reprochar porque nunca iba a sus juntadas, por diferentes escusas que ponía.
Espero que Marina se duerma, anteriormente ya había sacado al patio a Catalina, su gata castrada marrón que solo venia a comer y luego se ponía a jugar en la madrugada corriendo por la casa, y antes que arruine su plan de salida, se adelanto a todo.
Elías, tenía miedo de la vergüenza que podía llegar a pasar, ya que una vez Marina había ido a la cancha a buscarlo y plantear su amor toxico de control total sobre el delante de sus amigos. Sale sigilosamente por la ventana porque la puerta rechinaba mucho y no era buena opción. Cierra la puerta del portón lentamente y la juguetona de catalina tira una chapa en el patio con un ruido abismal que hiela la sangre de Elías y lo invita a apurarse.
Ya camino unas cuadras, y puede respirar el aire fresco de la bruma noche que presentaba el barrio de Villa Astolfi, camino a Manzone.
La noche estaba bastante fresca, llegando a la casa de Javier, ve el fogón debajo de los pinos gigantes donde estaban haciendo una bondiola al disco junto a su otro amigo Wally, un muchacho experto en la cocina y en degustación de alcohol.
Elías, Javier y Wally se conocen desde chicos, fueron a la primaria y secundaria juntos, Javier era sumiso tranqui al igual que Elías, y Wally a diferencia era alguien que sabia todas las jugadas, el podía decirte que el sol es azul, y va a tocar varios puntos en darte vuelta la jugada que te hace creer que es azul, para esa estrategia era un genio.
Era viernes por la noche y los convence de ir a la casa de Nico el mugre, que hacia una joda de barrio.
Llegan a la fiesta, y el suelo era tierra apisonada y la música salía de un parlante con el cono roto. Elías, con los pulmones negros de respirar el polvillo de la fábrica de cemento, estaba bastante tranquila, en un momento wally los llama hacia una parte oscura del lugar, y les dice:
--- Amigo, toma proba esto, se que venís mal y esto te va a ayudar, tenes que masticar y tomar mucha agua después.
Le da unos fragmentos de hongos (Melena de León, Cordyceps, Reishi, Psilocibina ) y Elías se los come, hace una cara de asco, un amargor y picazón insoportable corre sobre él, Javier le da agua para que le calme, y le dice:
--- Boludo, no agarres lo que te da aquel, vos sabes que cualquier fruta le viene bien.
No pasa nada Javi, yo soy el que quiere, ya me está aliviando.
Pasaron horas y no paso nada. Elías retoma su camino a su casa, empieza a ver el arrebol que pintan en el cielo, esas nubes fantásticas y perfectas con ese color rosado único ante sus ojos.
Pero al ver ese color su cerebro se encendió. De repente, el parpadeo de la bombilla de 40 watts no era un fallo eléctrico, era código binario. Vio cómo sus amigos reían, pero sus risas eran frecuencias de escape para no llorar. Los hongos le quitó la "catarata social". Comprendió que el sistema no era un enemigo, sino un parásito matemático que se alimentaba de la falta de tiempo de gente como él. Esa noche, Elías no durmió; se quedó mirando una mancha de humedad en el techo hasta que la mancha se convirtió en el mapa tectónico del planeta.
Para su suerte, Marina nunca se percato de Elías, fue como si nunca se hubiera ido esa noche, en cambio para Elías, empieza un nuevo renacer.
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