El calor de tu cuerpo me aprisiona, el magnetismo de tus besos me entrelaza con tu alma y no puedo pensar en escaparme. Tus ojos me recorren en cada rincón, panópticamente. El cielo se parte, los mares se dividen y el sol se oscurece; de repente todo lo que hay soy yo, de repente estoy viendo dónde nace todo y dónde termina. El terror me invade mientras me pregunto cómo puedo ser justa y real con el poder que me das, siento pánico ante la mínima hipótesis de error pero me mirás con la dulzura de un niño a su primer mascota.
Amor mío, ¿cómo puedo honrar el altar donde existe tu nombre? La fragilidad de tu cariño es mi miedo más grande, terminaría con todo el universo si me lo pidieras.
Ojalá pudiera retribuirte el afecto de tus ojos sobre mí, la atención, el descubrimiento de mí misma, quiero dedicarte toda mi existencia y hasta mis cenizas luego de partir de este lugar. Espero no tengas dudas que existo pura y exclusivamente para que me mires.
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