Hace unos dias que vengo con un proceso en terapia bastante intenso. Una escena familiar temprana que formó parte de mi inonsciente durante toda mi vida que ahora se desarma, deja un vacio en el cual proyectar amor de manera más o menos consciente y con la concepción que tengo hoy del amor. Una amiga me envía una publicación que habla de las escenas pero del deseo. Pienso: se desprende de la escena que yo estoy trabajando en terapia una concepción de deseo? O más bien es una significación de amor puntualmente? Y mi intuición me orienta hacia la segunda pregunta para reformular una tercera: se puede separar de esa escena el deseo del amor? En algún punto si, en otro punto no. Y a partir de este momento queridx lectorx, me avocaré a definir ciertos significantes según mi experiencia, mis lecturas y mi manera de ver ciertas cosas, por lo que, si ingreso en la pedantería, tómelo simplemente como figura retórica.
Por un lado tenemos al amor, una primer escena que significó la idealización del amor; como si fuera algo que se daba entre dos personas que no era yo y me comencé a excluir de esa escena. Pero mi deseo de ser amada no desapareció, y aquí es donde ambos significantes se tocan. Una niña que se esconde, que gira la cabeza para no ver, para evitarse dolor, que decide ver otras cosas, que se da cuenta que hay otras personas, pero no hay otros amores. En el principio de la vida, cimenté las bases de mi personalidad en esas estructuras subterráneas que me mantuvieron con vida -literal- pero que hoy destierro de mi psiquis, no sin antes conmoverme por lo que supe ser. Hoy pienso que el amor no es este ideal, hoy pienso que se trata de una fuerza que te empuja, te atropella, tiene un pulsar propio que te arrastra más allá de la voluntad. Y no tiene que ver con tener pareja exclusivamente, es una actitud ante la vida, una manera de agenciar el tiempo en esta tierra que implica una voluntad que empuja desde ese lugar universal que es el amor.
Por otro lado está el deseo. En el ejemplo que expongo está explicitado el deseo de ser amada, pero también podemos hablar de un deseo de ser deseada, y le deseo de ser deseante, entre tantas cosas más que se pueden hablar en torno a esta palabra. En todo caso pienso que se trata de una potencia, no de una fuerza; me apoyo un poco en la física y le robo el uso de éstas palabras. La fuerza tensiona, la potencia empuja a la tensión. Pero si no hay voluntad, no hay tiempo, no acción, esa fuerza queda estanca en algún lugar acumulandose, transformándose en cuestiones inconscientes, para volver a la psicología. El deseo es la búsqueda de lo que podría llegar a ser una fuerza, pero hay que decidir si se acciona o no como manda el deseo y si se está dispuestx a asumir las consecuencias. En mi caso, tengo la intuición que el deseo por otra persona con la que quisiera potencialmente vincularme sexoafectivamente aparece cuando mi inconsciente distingue en esa persona algo propio y me arroja a tomarlo. Así como cuando elegí mi oficio de artista, hubo algo de mi que se puso en juego para que el accionar se aceitara en dirección unīvoca hacia mi vocación.
Aclaro, aunque no hace falta, que no soy ni física ni psicóloga, estoy haciendo uso del lenguaje porque me libera y me divierte, como se diría en mi país, chamuyar. Sin embargo considero que este chamuyo, ésta labia, puede llegar a ayudarle a alguien a esclarecerle alguna cosa, como lo hace conmigo. O quizás estoy, simplemente, meando fuera del tarro. Usté sabrá.
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Rocío Giménez Ferradás
Hola! Soy dibujante pero las palabras son un jardin en el que refugio el pensar
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