Admiro el valor de los que deciden ponerle pausa a la peli que nos comimos; sostener bajo un naranjo la incertidumbre, bancarse el -deja vu- sin nombrarlo, parar y al dolor sentírlo hasta el desgarro.
La envidia es moneda corriente; caras, outfits, viajes, piel. No debería ser la vida comprar mambos, mendigar corazón, estrellas, for you page. No culpen al espejo, les diría, pero quién soy yo para arrancarle la venda al que sangra.
Solo tengo cicatrices de otras vidas porque en esta no sería capaz de arrastrarme un dedo pulgar, ni dejar de sostener, la mirada en la mirada. En esta solo se de caries de tanto mascar la palabra, más de manos, no se nada.
Si solo conocen la oscuridad de los días capaz un flash los ilumina y quién dice, quizás en una rima, hoy se vuelvan a encontrar.
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