Todavía te pienso.
Todavía imagino aquel momento en el que estuvimos juntas, y cada vez que lo hago siento que me arrancan un pedazo de adentro.
Me pesa la ausencia como si llevara piedras en el pecho, como si el aire mismo se negara a entrar porque no estás conmigo.
Me haces muchísima falta.
Cada lágrima que cae es un recuerdo tuyo clavado en mi piel, quemándome desde dentro, recordándome que te fuiste y que nada ni nadie podrá devolverte.
Dónde estás, mamá…
Dónde estás cuando más te necesito, cuando mis brazos buscan los tuyos y mi corazón grita tu nombre en silencio.
Quiero ese abrazo que me abrigue, quiero sentir tu calor, quiero ver tu sonrisa iluminar mi cuarto otra vez, quiero que vuelvas aunque sea un instante.
¿Por qué me has dejado?
Me prometiste que nunca lo harías. ¿Dónde está esa promesa rota que ahora sangra en mis manos?
La hicimos juntas, una vez, y juramos que nada nos separaría… pero ahora me quedo sola con los ecos de tu risa que se deshacen en la nada.
Ya no quiero falsas promesas.
Ya no quiero insistir, ya no quiero pensar en ti… y sin embargo, cada pensamiento me arrastra al abismo y me hace sangrar por dentro.
Te busco en cada sombra, en cada esquina de mi cuarto, en cada suspiro que no encuentro cómo dejar salir.
Mamá… me duele tanto que a veces siento que me rompo en mil pedazos solo de pensarte.
Y sin ti, todo se vuelve silencio y vacío.
Y sin ti, todo lo que fui se disuelve en lágrimas que nadie recogerá.
Y sin ti, solo queda este dolor que me consume, que me grita que ya nada será igual.
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