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A veces no creo en la ciencia.

ariadna

Feb 5, 2026

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A veces no creo en la ciencia.
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Creo que los científicos estudiaron muchísimos años para legar a la conclusión de que el Sol va a dejar de darnos todo lo que nos brinda con su muerte en billones de años. Y yo nunca me preocupé por ello. ¿Por qué lo haría si solamente mi alma andaría divagando por lugares que ni siquiera sé como lucen? (Ojalá sean como aquellos sueños que los recuerdo vívidamente). Siempre confié en la ciencia. Y me encanta cuestionarla. Me encanta preguntar aquellos vacíos que no me cierran.

Hace un mes pude entender lo que es tener en frente una mentira tan repetida por tantos años. El Sol se extinguió de un día para otro. Los días empezaron a ser a ciegas. No veo los números de las casas. Me pierdo entre rostro y rostro. No reconozco a nadie. Estoy en una penumbra totalmente repentina. Me mintieron y no estoy enojada por ello. Estoy más que rota por confiar en aquellos que me explicaron en conferencias y papers que el Sol iba a tardar tanto en dejar de dar su resplandor.

Nadie, jamás puede evitar soltar un ameno comentario ante un día donde el Sol está en su auge. Más un lunes, donde ese día en particular suele ser un poco pesado para el laburante. El Sol se siente como hogar para muchísimos. Y hay personas que siempre repitieron con certeza que después de una tormenta, Él vuelve a salir. Y lo creí en mis cortos años de vida. Siempre y con toda certeza sabía que la alegría y la luz tiene el hábito de volver. Y creo fielmente, también, que el Sol hizo esa promesa. El Sol hace promesas y las cumple rigurosamente. Tiene principios tan claros porque sabe lo que es ser responsable con su deber de cumplir con nosotros. Sin pedir nada a cambio. Sin esperar nada. Sin reclamar. Lo hace porque creo y pienso que es humano también. Lo admiro muchísimo, de hecho.

Ahora es donde yo, una adulta joven que sabe nada y poco de la vida, me pregunto... ¿cuál es el Sol que me tocó? Empiezo a olvidar la manera en la que me saludaba los lunes pesados. No lo veo ni siquiera mirando hacia el cielo. No lo encuentro. ¿Tendrá sus favoritos? ¿Sus promesas simplemente son una forma de hacerse más y más brillante cada vez? Porque recuerdo gritarle que nunca deje de brillar, que no me suelte la mano sosteniéndome de su rayo tibio que emanaba. Esperé, me abrí, no esperé jamás nada de él más que ese brillo tan cálido cuando me abrazaba ni bien comenzaba la semana. Y esperaba tanto porque la paciencia es una de las formas más puras de amor. Con lluvia, iba a buscarlo. Con inundaciones, fui a buscarlo. Puse mi persona en buscar aquel Sol que, lamentablemente, parecía de a poco apagarse por mi intensidad. Nunca quise asustarlo. No quiero sacar conclusiones, pero por algo simplemente... dejó de estar en mi cielo. Veo todo sepia. Todos los días tienen el color del día del día de ayer. Porque el Sol no volvió a aparecer. De ninguna forma: solo en mis sueños. No lo necesito, pero necesito, por favor, volver a tener esperanza. Esperanza de que hay un nuevo amanecer para mí. Un Sol que no olvide que yo quizá merezco dejar de sobrevivir. El Sol vive, pero empiezo a sentir que no. No lo culpo.

No creo en el olvido. El Sol es imposible de olvidar.

"Yo que te di todas mis noches a vos, sin lamentos ni reproches. Te di en las noches y en los días, mis mejores melodías, en las horas más tremendas de mi vida. Baila tu milonga preferida, que está oscuro todavía, que amanece y se nos acaba la vida". Pastillitas del olvido. Tan Biónica (2011)

El Sol es un asunto. Quizá soy muy ingenua, pero cuando brillaba frente mío, sentía que podía soportar cualquier cosa que se me presente en esta vida. Pero cuando empecé a ver más allá, en los últimos días, cuando iba alejándose de mi órbita, empecé a gritar de forma desgarradora por anestesia porque ya me estaba empezando a costar sonreír. El Sol es humano. El Sol sigue siendo un Sol. Sigue abrigando gente. Sigue salvando gente. Sigue brillando.

Y estoy más que agradecida con el alma de que el Sol brilló para mí en algún momento. Lo seguiré viendo en mis sueños, en mis escritos y conversaremos oníricamente de todas las cosas que nos faltaron.

El Sol me hizo sentir que viví por primera vez.

ariadna

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