Recuerdo cuando te olvidé.
El sol a la sombra de la luna; el día, vestido de noche para la fiesta del funeral.
No había pasado lo que pasa con el tiempo, amor eterno, y la esquina al doblarla, crujió resquebrajada.
Te fuiste como quien quiere quedarse. Hasta entonces habías estado queriéndote ir.
Fue todo tan nada...
Hay una fotografía guardada no sé donde, en la que, de todo aquello, no se ve nada; está velada. Cada vez que la encuentro, sin buscarla, me lleva allí donde nunca estuvimos y revivo lo que jamás sucedió. La escondo luego, para no volver a mirarla.
¡Qué cosas no me pasan!
En fin, hoy tocaba olvidar que, a veces, no te recuerdo de nada.
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