He coleccionado distintas figuras paternas a lo largo de mi vida, intentando llenar el vacío que mi padre biológico dejó. Una de ellas es Sajō-san, el vecino de enfrente, excompañero de universidad de mi tío. El viejo Sajō era de los que aprecian la soledad y evitaba cualquier tipo de interacción si no era necesaria. Me llevaba unos treinta años y fue de las pocas personas que aceptó mi existencia sin cuestionarla. Hablábamos durante horas sobre mis hiperfijaciones o cualquier cosa que yo tuviera para contarle, él me escuchaba atento y de vez en cuando daba sus opiniones. Me contó también sobre su trabajo en una empresa petrolera, de su esposa fallecida y del imperialismo japonés que odiaba con todo su ser. Sajō-san y yo nos sentábamos a comer sandía en la veranda de su casa porque era mi lugar favorito en el mundo durante el verano. Probablemente de ambos.
A los quince años comenzamos a compartir cigarros y nuestras conversaciones cambiaron. Un día le pregunté por qué me había soportado durante diez años. “Porque me recuerdas a mi gato, se llamaba Lou”, dijo mientras mordía un pedazo de sandía. Estoy seguro de que me sentí halagado con su respuesta, pero no me atreví a decírselo.
Nuestro último encuentro fue justamente en aquella veranda de maderas viejas, al viejo le confesé mi deseo de emanciparme de mi familia y de lo que ellos llamaban «clan». Tenía miedo, pero no lloré; le dije que ese sería, quizá, el adiós definitivo. Le prometí que lo recordaría como un amigo, a él y a sus historias. El muy cabrón se burló de mí. “Compórtate como un hombre, Konoe-kun”, sonreía con sorna sin quitarme los ojos de encima, fumando su Marlboro con la gracia que solo él poseía.
Tiempo después adopté el nombre de su gato —hasta que lo convertí en mi identidad— para proteger lo que creía que me pertenecía o simplemente por el capricho de pasar desapercibido. A Sajō-san no volví a verlo.
Desde entonces siento que los veranos tienen un toque de nostalgia. Y cómo extraño ser un niño y echarme en la maldita veranda sin pensar en nada.
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