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    7 de abril

    Abr 27, 2024

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    7 de abril
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    Mientras los pájaros vuelan y hablan entre árboles y un cielo azul de Abril, me siento a escribirte con The Few Things de fondo. 

    Intento desenfocar tu imagen, viajar a través de tu piel y desglosar las muchas cosas que están acurrucadas en las esquinas de tu ventana. 

    Cuando era pibita, gustaba de un niño de ojos verdes. Matías, era el hijo de la directora de mi colegio, se sentaba conmigo en clases y cada vez que me miraba sentía que sólo existíamos nosotros en la sala, nunca le dije lo mucho que me gustaba la emoción de verlo todos los días y escuchar cómo con tan poca edad era tan culto y tan especial. me conformaba con eso, la expresión de invitarme a la creación de su mundillo de costado. Lo adoraba de una forma tan honesta e infantil. En mi diario lo describía como una persona de color verde, pero era un verde pastel, no cómo sus ojos que intensamente despertaban cada mañana. 

    Nunca entendí por qué lo asociaba con ese color, hasta que arranque a estudiar Diseño y la poesía me perseguía sin prestarle atención a su vida. Una persona de ese color era tan cuál a lo que se dice. Inteligente, discreto, pacífico, honesto, conciliador, metódico, paciente. Y ahí lo entendí. Por más de que por muchos años fotografiaba a las personas en blanco y negro, sus colores saludaban desde sus vértices.

    Viste cuando pintas un cuadro y tienes que mezclar los colores para crear uno que no tienes y así seguir con tu obra? algo básico, de cultura general. Para mi, es una creencia que la practico con las relaciones. Más bien es un regalo a mi niña interior que le brillan los ojos cada vez que Mamá la lleva a sus clases de Arte. 

    Esta creencia tiene matices, es sencilla y honestamente linda. Cuando una persona que entra en tu vida se convierte en un color, o lo quieres ver así, intentas mezclarte con el suyo. Mezclas intereses, energía, tiempo de calidad, amor y valores. Lo que flasheo, es que creas colores que no tenías en tu paleta y cuando te das cuenta ya están en tu bastidor y se vuelven parte de ti, tipo ya está, hubo un complemento de ideas y se creo una obra única. El proceso del arte  suele ser así. Hay una intención, una sincronicidad, un espacio y una percepción visual. Y eso se refleja en el mezclador, es fascinante. Cómo la textura mancha tus manos, cómo se esfuerza por cambiar de piel, cómo se sonroja con el proceso. 

    Tu color, rosa para mi; 

    cuándo pienso en ti, fluye este color. se esparce por tus pies descalzos y descansa ante tu sonrisa perfecta. 

    cuándo creía en los cuentos de hada, era mi color preferido. me hacía sentir cómoda y sentía que estando cerca podía dormir sin necesidad de estar pendiente de los ruidos del fondo. mis sábanas, mi primera cámara y mi alcancía eran de ese matiz. esas sábanas tenían un perfume que me hacía sentir en el lugar correcto, mi cámara me hacía viajar y descubrir cosas que no veía sin su foco, y mi alcancía me hacía sentir una responsabilidad por ser sincera conmigo. 

    En mi presente, creo que quiero comer a diario algodones de azúcar, usar los mismos labiales que mis barbies usaban, pasar los domingos usando mi pijama de algodón y darme duchas de frutillas y pétalos. 

    entrepuchos

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