La noche está congelada,
como la forma en que te comportas.
Tus pupilas carmín moradas
se convierten en rojo esmeralda.
Cómo cambias la forma de mirar,
esa forma que está prohibida.
Había consecuencias,
pero tú solo decidiste ignorarlas.
Esto está tan mal...
pero yo no soy nadie para decírtelo.
Yo, yo, yo...
Yo no soy nadie para decírtelo.
-
Tienes atadas mis manos
por tu lengua traviesa.
Me desangro afuera y adentro de la habitación
solo para complacer tus caprichos.
Cariño, hemos llegado muy lejos
para parar ahora.
No tengo control.
Tal vez soy muy poco
para pedir algo mejor que tú,
pero tú eres mucho
para pedir algo más de mí.
¿Qué quieres de mí?
-
No quiero ir a casa,
pero tampoco quiero estar contigo.
Quiero estar afuera,
fumando el frío
y adentro de tus pensamientos.
Porque yo me odio,
solo necesito tu aprecio.
-
Eres mucho para mí,
pero tan poco para resistirme
así a ti, o para odiarme
por estar junto a ti.
Yo, yo, yo...
¡¿Qué carajos quieres de mí?! ¡¿Qué mierda quieres de mí?!
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